El hombre… ese universo silencioso que tantas veces se confunde con dureza, cuando en realidad está hecho de susurros que nadie escucha.
Detrás de sus hombros que todo lo cargan, hay un temblor pequeño, casi sagrado, que pide, sin decir palabra, que alguien lo mire de verdad, que alguien lo nombre sin exigirle ser invencible.
Porque él también se quiebra, aunque nadie lo vea. También sangra, aunque lo oculte con sonrisas medidas. También se cansa de ser el refugio para todos cuando nadie parece ser refugio para él.
Dentro de ese pecho que muchos creen de hierro, late una ternura antigua, una dulzura escondida que sólo se muestra cuando siente que no será juzgado. Una caricia que guarda en las manos, esperando el momento seguro en el que pueda darla sin miedo.
Y sin embargo .. qué admirable su fortaleza: no la que levanta muros, sino la que, a pesar de todo, sigue abriendo puertas. La fortaleza del que se levanta cuando hasta su alma pesa, del que se queda cuando el mundo se va, del que ofrece calma aun cuando por dentro un huracán lo atraviesa.
Su gentileza no es fragilidad, es valentía pura. Es elegir ser agua cuando esperan fuego, es extender la mano a pesar de las heridas, es escuchar incluso cuando nadie lo escucha a él.
Y ojalá lo recordemos siempre: que los hombres también necesitan sentirse amados, mimados, sostenidos en un abrazo que no pida nada, valorados por lo que son y no por lo que deben aparentar. Que también necesitan un lugar donde descansar el alma, un “estoy aquí” que no cuestione, una voz que les diga, sin miedo: “tú también mereces ser suave”.
Porque en su vulnerabilidad habita su grandeza, y en su necesidad de amor resuena la humanidad más profunda.
Mireya Morales Jurado 19 noviembre 2025 Guayaquil – Ecuador
Crecimiento personal con GR
El hombre…
ese universo silencioso que tantas veces se confunde con dureza, cuando en realidad está hecho de susurros que nadie escucha.
Detrás de sus hombros que todo lo cargan,
hay un temblor pequeño, casi sagrado,
que pide, sin decir palabra,
que alguien lo mire de verdad,
que alguien lo nombre
sin exigirle ser invencible.
Porque él también se quiebra,
aunque nadie lo vea.
También sangra,
aunque lo oculte con sonrisas medidas.
También se cansa de ser el refugio para todos
cuando nadie parece ser refugio para él.
Dentro de ese pecho que muchos creen de hierro, late una ternura antigua,
una dulzura escondida que sólo se muestra
cuando siente que no será juzgado.
Una caricia que guarda en las manos,
esperando el momento seguro
en el que pueda darla sin miedo.
Y sin embargo ..
qué admirable su fortaleza:
no la que levanta muros,
sino la que, a pesar de todo,
sigue abriendo puertas.
La fortaleza del que se levanta
cuando hasta su alma pesa,
del que se queda cuando el mundo se va,
del que ofrece calma aun cuando por dentro
un huracán lo atraviesa.
Su gentileza no es fragilidad,
es valentía pura.
Es elegir ser agua cuando esperan fuego,
es extender la mano a pesar de las heridas,
es escuchar incluso cuando nadie lo escucha a él.
Y ojalá lo recordemos siempre:
que los hombres también necesitan sentirse amados, mimados, sostenidos en un abrazo que no pida nada, valorados por lo que son y no por lo que deben aparentar.
Que también necesitan un lugar donde descansar el alma, un “estoy aquí” que no cuestione, una voz que les diga, sin miedo:
“tú también mereces ser suave”.
Porque en su vulnerabilidad habita su grandeza, y en su necesidad de amor resuena la humanidad más profunda.
Mireya Morales Jurado
19 noviembre 2025
Guayaquil – Ecuador
#Feliz_Día_Del_Hombre
Sentimientos Inmarcesibles
1 week ago | [YT] | 69