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Cada vez que algo popular incomoda, se repite el mismo guion:
“eso no es música”, “la gente es una manada”, “están hipnotizados”, “esto es decadencia”.
No es pensamiento crítico. Es desprecio cultural, así de simple.

Llamar “ruido” a lo que no te gusta no es analizar, es borrar.
Decir que millones “siguen sin pensar” no te hace más lúcido, te pone por encima sin tener que explicar nada.
Y eso de que la cultura popular “evapora cerebros” es el mismo pánico moral reciclado de siempre:
a Elvis lo llamaron inmoral,
a los Beatles los trataron como una histeria colectiva,
al rock como corrupción de la juventud,
al rap como delincuencia,
y ahora le toca al reguetón.
La historia es la misma. Solo cambia el soundtrack.

Ojo, no estoy diciendo que todo lo popular sea bueno.
Pero convertir tu gusto personal en diagnóstico moral del mundo es otra cosa.

Cuando el argumento pasa de “no me gustó” a “esto es una agenda anti-americana”, ya no es crítica: es lectura conspiranoica. El Super Bowl siempre ha tenido símbolos y narrativa; solo que a veces aplaudimos los mensajes que nos convienen.

El español no es una provocación. Es una realidad de este país. Que alguien no lo entienda no lo vuelve una falta de respeto, igual que escuchar inglés no es un insulto para quien no lo habla.

Y esa división de “latinos buenos” (los que se callan y piden permiso) vs. “latinos malos” (los que “hacen bulla”) es otra forma de control. Ser latino no es una pose ni una sola manera de existir.

Pensamiento crítico no es despreciar lo popular.
Es preguntarse quién gana con la polémica, cómo los algoritmos convierten la indignación en negocio y por qué nos cuesta tanto aceptar que el centro cultural ya no gira alrededor de nosotros.

18 hours ago | [YT] | 9

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Arrancamos serie nueva: ANTI-DOXA.
Una temporada corta para una sola cosa: recuperar criterio en una época que te obliga a opinar de todo.

Episodio 1: “TE FABRICAN” (Platón)
No te convencen con razones.
Te entrenan con reflejos: reacción, bando, moralina.

Si alguna vez defendiste una idea y después te diste cuenta de que ni era tuya… este episodio es para ti.

3 weeks ago | [YT] | 7

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La culpa no nace contigo.
Se aprende.

Nietzsche lo vio antes que nadie.

4 weeks ago | [YT] | 17

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Te enseñaron a sentir culpa por querer más.

Por descansar.
Por no pedir perdón.

Nietzsche llamó a eso moral de esclavos.

4 weeks ago | [YT] | 4

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¿Qué clase de civilización convierte un caso Epstein en trending topic en lugar de en su propio Núremberg?

2 months ago | [YT] | 2

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¿Qué te roba más tiempo?

3 months ago | [YT] | 5

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¿Qué gana un país que nunca duerme si pierde a su gente? Nuevo video: Rendir o vivir: el sueño americano vs la siesta. 12 minutos para resetear el reloj.
¿De qué lado estás hoy: turno extra o siesta estratégica?
#Filosofía #VidaBuena #Productividad

3 months ago | [YT] | 1

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No hay lazo social más fuerte que el respeto.

DISCURSO DE Byung-Chul Han, AL AGRADECER EL PREMIO PRINCESA DE ASTURIAS en el área de Comunicaciones y Humanidades 2025.

El filósofo, teólogo católico y ensayista surcoreano, fustigó al neoliberalismo y al correlato socio-cultural.

Este es su discurso completo:

Señoras y señores:

Es para mí un gran honor, a la par que una inmensa alegría, recibir tan alta distinción en esta histórica ciudad de Oviedo.

En la Apología, el famoso diálogo de Platón, cuando Sócrates expone su propia defensa después de haber sido condenado a muerte, explica cuál es la misión del filósofo. La función del filósofo consistiría en agitar a los atenienses y despertarlos, en criticarlos, irritarlos y recriminarlos, igual que un tábano pica y excita a un noble caballo cuya propia corpulencia lo vuelve pasivo, y así lo espolea y estimula. Sócrates compara a ese caballo con Atenas.

Yo soy filósofo. Como tal, he interiorizado esta definición socrática de la filosofía. También mis textos de crítica social han causado irritación, sembrando nerviosismo e inseguridad, pero al mismo tiempo han desadormecido a muchas personas. Ya con mi ensayo La sociedad del cansancio traté de cumplir esta función del filósofo, amonestando a la sociedad y agitando su conciencia para que despierte. La tesis que yo exponía es, efectivamente, irritante: la ilimitada libertad individual que nos propone el neoliberalismo no es más que una ilusión. Aunque hoy creamos ser más libres que nunca, la realidad es que vivimos en un régimen despótico neoliberal que explota la libertad. Ya no vivimos en una sociedad disciplinaria, donde todo se regula mediante prohibiciones y mandatos, sino en una sociedad del rendimiento, que supuestamente es libre y donde lo que cuenta, presuntamente, son las capacidades. Sin embargo, la sensación de libertad que generan esas capacidades ilimitadas es solo provisional y pronto se convierte en una opresión, que, de hecho, es más coercitiva que el imperativo del deber. Uno se imagina que es libre, pero, en realidad, lo que hace es explotarse a sí mismo voluntariamente y con entusiasmo, hasta colapsar. Ese colapso se llama burnout. Somos como aquel esclavo que le arrebata el látigo a su amo y se azota a sí mismo, creyendo que así se libera. Eso es un espejismo de libertad. La autoexplotación es mucho más eficaz que ser explotado por otros, porque suscita esa engañosa sensación de libertad.

También he señalado en varias ocasiones los riesgos de la digitalización. No es que esté en contra de los smartphones ni de la digitalización. Tampoco soy un pesimista cultural. El teléfono inteligente puede ser una herramienta utilísima. No habría problema si lo usáramos como instrumento. Lo que ocurre es que, en realidad, nos hemos convertido en instrumentos de los smartphones. Es el teléfono inteligente el que nos utiliza a nosotros, y no al revés. No es que el smartphone sea nuestro producto, sino que nosotros somos productos suyos. Muchas veces sucede que el ser humano acaba convertido en esclavo de su propia creación.

Las redes sociales también podrían haber sido un medio para el amor y la amistad, pero lo que predomina en ellas es el odio, los bulos y la agresividad. No nos socializan, sino que nos aíslan, nos vuelven agresivos y nos roban la empatía. Tampoco estoy en contra de la Inteligencia Artificial. Puede ser muy útil si se emplea para fines buenos y humanos. Pero también con la Inteligencia Artificial existe el enorme riesgo de que el ser humano acabe convertido en esclavo de su propia creación. La Inteligencia Artificial puede ser empleada para manejar, controlar y manipular a las personas. Por eso, la tarea acuciante de la política sería controlar y regular el desarrollo tecnológico de manera soberana, en lugar de simplemente seguirle el paso. La tecnología sin control político, la técnica sin ética, puede adoptar una forma monstruosa y esclavizar a las personas.

Últimamente he reflexionado mucho sobre la creciente pérdida de respeto en nuestra sociedad. Hoy en día, en cuanto alguien tiene una opinión diferente a la nuestra, lo declaramos enemigo. Ya no es posible un discurso sobre el que se base la democracia. Alexis de Tocqueville, autor de un famoso libro sobre la democracia estadounidense, ya sabía que la democracia necesita más que meros procedimientos formales, como son las elecciones y las instituciones. La democracia se fundamenta en lo que en francés se llama "moeurs", es decir, la moral y las virtudes de los ciudadanos, como son el civismo, la responsabilidad, la confianza, la amistad y el respeto. No hay lazo social más fuerte que el respeto. Sin moeurs, la democracia se vacía de contenido y se reduce a mero aparato. Incluso las elecciones degeneran en un ritual vacío cuando faltan estas virtudes. La política se reduce entonces a luchas por el poder. Los parlamentos se convierten en escenarios para la autopromoción de los políticos. Y el neoliberalismo ha creado ya una gran cantidad de perdedores. La brecha social entre ricos y pobres se sigue agrandando cada vez más. El miedo a hundirse socialmente afecta ya a la clase media. Precisamente estos temores son los que lanzan a la gente hacia los brazos de autócratas y populistas.

Creemos que la sociedad en la que vivimos hoy es más libre que nunca. En cualquier ámbito de la vida, las opciones son infinitas. También en el amor, gracias a las aplicaciones de citas. Todo está disponible al instante. El mundo se asemeja a un gigantesco almacén donde todo se vuelve consumible. El infinite scroll promete información ilimitada. Las redes sociales facilitan una comunicación sin límites. Gracias a la digitalización, estamos interconectados, pero nos hemos quedado sin relaciones ni vínculos genuinos. Lo social se está erosionando. Perdemos toda empatía, toda atención hacia el prójimo. Los arrebatos de autenticidad y creatividad nos hacen creer que gozamos de una libertad individual cada vez mayor. Sin embargo, al mismo tiempo, sentimos difusamente que, en realidad, no somos libres, sino que, más bien, nos arrastramos de una adicción a otra, de una dependencia a otra. Nos invade una sensación de vacío. El legado del liberalismo ha sido el vacío. Ya no tenemos valores ni ideales con que llenarlo.

Algo no va bien en nuestra sociedad.

Mis escritos son una denuncia, en ocasiones muy enérgica, contra la sociedad actual. No son pocas las personas a las que mi crítica cultural ha irritado, como aquel tábano socrático que picaba y estimulaba al caballo pasivo. Pero es que, si no hay irritaciones, lo único que sucede es que siempre se repite lo mismo, y eso imposibilita el futuro. Es cierto que he irritado a la gente. Pero, afortunadamente, no me han condenado a muerte, sino que hoy soy honrado con la concesión de este bellísimo premio. Se lo agradezco de todo corazón.

Muchísimas gracias.

Publicación original para LBA/Isabel Martín

Imagen de la red

Fuente

www.larazon.es/cultura/discurso-byungchul-han-prem…

3 months ago | [YT] | 18

ÉpicoVida

Ya está! ¿Y si no existes? Hume contra el ‘yo’ sólido. ¿Te atreves a verlo completo? 🔥

3 months ago | [YT] | 5