Somos lo que somos | Bayern Múnich Podcast

Podcast sobre el Bayern de Múnich en español. Aquí vamos más allá del fútbol: su historia, su cultura y lo que realmente significa ser parte de este club

Futbol, tradición y familia. Los colores al igual que los valores; se heredan. Somos uno, somos todos, somos lo que somos.


Somos lo que somos | Bayern Múnich Podcast

“Al principio Max Eberl quería darle a Thomas Tuchel, al que aún le quedaba un año en su contrato, un año más. Eso significa que se habría quedado dos años más. Karl, Herbert Hainer y yo lo detuvimos. Dijimos que la etapa de Tuchel había terminado. No tengo nada personal contra Max Eberl, pero decir que él encontró al entrenador correcto, cuando antes quería renovar a Tuchel…no estaríamos donde estamos hoy si lo hubiera hecho. Es su trabajo tener opciones listas.”.- Uli Hoeness

Esta declaración salió publicada el sábado minutos antes que el Bayern enfrentara al Stuttgart en la final de la Pokal.

¿Qué gana el Bayern con esto? ¿Qué suma? ¿A quién le sirve? Son preguntas que no deberían ser necesarias viniendo de quien vienen, pero aquí estamos.

Es probable que a muchos el nombre de Uli Hoeness no les remita a nada más que a un señor de edad avanzada diciendo cosas extrañas, polémicas, defendiendo al Bayern con el pecho descubierto, atacando a rivales o a veces criticando al propio Bayern en momentos delicados como lo hizo este fin de semana.

Uli fue primero un jugador fundamental, ganador de Eurocopa, Mundial, Champions, liga… todo. Luego, tras una lesión, fue el encargado de transformar al club desde lo administrativo de la misma manera que Beckenbauer, Müller y Maier cambiaron al Bayern desde el campo.

En el 2013 la policía allanó su casa, había una cuenta bancaria no declarada en Suiza. Evasión fiscal. El escándalo más grande vivido en el Bayern durante décadas. Hoeness tenía opciones, tenía recursos, tenía abogados y al mismo tiempo tenía el poder de un club de fútbol a su disposición.

No usó nada de eso.

Se entregó, aceptó la condena, dimitió como presidente y entró a prisión a cumplir su tiempo tras las rejas.

Algunos aficionados se plantaron frente a los juzgados con pancartas de apoyo. El respeto que creció en ciertos sectores no venía del perdón, venía del reconocimiento: Uli tenía el poder de arrastrar al Bayern en su caída y eligió no hacerlo. El error era suyo, el precio era suyo, el club no tenía nada que ver. Se borró a sí mismo de la ecuación para que el escudo quedara intacto. Eso, para muchos, era la definición más honesta de Mia san mia: el club por encima de todo, incluso por encima del propio Uli.

Ahora volvamos al sábado. Días antes, Der Spiegel había entrevistado a Uli para preguntarle acerca del momento espectacular del Bayern. El diario aprovechó y preguntó sobre Eberl buscando polémica y Uli mordió el anzuelo.

Sin sumar, con la intención de brillar, de corregir, agarrar el micrófono para decirle a todo el mundo que si este Bayern estaba a punto de ganar el doblete no era gracias a Eberl, ya que él quería que Tuchel se quedara. Que fue él, junto a Rummenigge y Hainer, los “héroes” que detuvieron al “malvado” Eberl y que sin él (o ellos) no habría título, no habríamos tenido la temporada que tuvimos.

¿Proteger al Bayern?

Sinceramente es difícil encontrar qué beneficio le da al Bayern este tipo de declaraciones en este momento puntual. Es que aun teniendo razón, un comentario así frente a una final no suma en lo absoluto. Pudiendo salir con el mismo descaro a alabar a los jugadores, a motivarlos, a decir que en la antesala de una final no tiene caso hablar de lo administrativo y que todo el foco debería estar en la grandísima plantilla y entrenador que tenemos, con la misma desfachatez, pero no, esa no fue la vía que Uli eligió.

Existe un contraste interesante y para eso hay que retroceder un par de semanas a la eliminatoria frente al PSG, esa donde nos acompañó la polémica arbitral tanto en la ida como en la vuelta y en donde además la Curva Sur mostró pancartas que cuestionaban y criticaban a Nasser Al-Khelaifi, el presidente del PSG, por estar presente en todos los comités de la UEFA. El mensaje era claro: algo no cuadra, alguien con ese nivel de influencia en el organismo que rige la competición no le hace nada bien a la Champions, y además con un árbitro descaradamente de su lado… algo no anda bien.

La Curva habló, pero ¿y Hoeness? ¿Dónde está nuestro defensor? ¿Dónde está nuestro salvador? ¿Dónde está nuestro presidente honorario? ¿Dónde está nuestro “padre”? Silencio absoluto.

Sin declaraciones, sin presión sobre la UEFA. Sin ninguno de los dardos que tan bien sabe lanzar. Solo fotografías que circulan sonriendo junto al propio Al-Khelaifi. Cordial, amigo, cómodo.

Regresemos a la entrevista, y es que la declaración que hace Uli sobre Eberl nace curiosamente… ¡de una pregunta sobre Kompany! Sobre la gran persona que es, le preguntaban sobre los aportes de Vincent, de cómo ha construido un equipo, y en lugar de alabar a Vinnie se va por las ramas diciendo que ha habido otros entrenadores como él. Ahí entonces Uli, después de desprestigiar a nuestro entrenador, se pasa a Eberl sin razón alguna y revela que él quería continuar con Tuchel, Uli no. La cosa no para ahí, y es que curiosamente se pone a hablar del recorrido hecho para traer un nuevo entrenador y confiesa que él quería recuperar a Nagelsmann, que de hecho ya estaba prácticamente cerrado pero que a última hora la agencia de Julian dio marcha atrás. Después menciona que su segundo candidato era Oliver Glasner y que de igual forma ya estaba apalabrado pero las cosas no se dieron. Entonces entra Eberl y propone a Kompany, y aquí aparece otra vez el ego de Uli para decir que a él se le ocurrió la grandísima idea de hablarle a Guardiola, y entonces se cuelga la medalla para decir que prácticamente gracias a la llamada que él realizó a Guardiola para preguntarle de Kompany es como se decantan por él.

Sus intenciones son más que evidentes. No se trata de interpretar, simplemente de escucharle, y es bastante claro que cuando el enemigo del Bayern es externo, poderoso y con quien “conviene” mantener buenas relaciones, Hoeness no aparece.

Cuando alguien adentro del club empieza a recibir demasiado crédito, Hoeness aparece en cuestión de horas.

Eso no es poner al Bayern por encima de todo. Es protegerse usando al Bayern como escudo.

¿Por qué ahora? ¿Por qué así?

Quizás sea la edad, quizás sea la angustia de un patriarca al ver cómo su imagen se desfigura con el tiempo y ve cómo otros se alzan para ocupar su lugar. Quizás sea el miedo profundamente humano de volverse irrelevante en la historia, o quizás simplemente es Uli siendo Uli.

Lo que sí queda bastante claro es el contraste. El Hoeness del pasado asumía el error, pagaba el precio y protegía a su club, sacaba el pecho tanto para defender los colores como para posicionarlo donde tenía que estar, borrándose a sí mismo de la ecuación. Quedando como un loco si era necesario, pero siempre con la intención de poner al Bayern por encima de todo. El Hoeness de hoy en día es distinto: no es somos lo que somos, sino somos lo que soy. Mia san ich. Sus intereses son bastante claros: posicionarse por encima de todos, incluso del club.

Mia san mia significa que ningún nombre está por encima del escudo.

Ni siquiera el suyo.

1 month ago | [YT] | 14

Somos lo que somos | Bayern Múnich Podcast

6 años después…

La saga continúa. El Bayern vuelve a la fiesta grande, la espera ha terminado y los rojos están de nuevo en la antesala de la final de la Pokal.

6 años después… como esas películas que regresan tras años de ausencia para recordarnos o actualizarnos acerca de lo que ha sucedido con la vida de los protagonistas. En esta ocasión, mismos colores, mismo escudo pero un recorrido bastante diferente.

Seis años pasan rápido y en retrospectiva pareciera que fue hace poco cuando el Bayern se colocó por última vez en esta instancia, la final. Muchas cosas han pasado en el camino, probablemente tu vida ha cambiado al igual que la mía y en un pequeño ejercicio de retrospección, es probable que hace seis años ni siquiera imaginabas que estarías aquí.

El fútbol, al igual que la vida, se va volando, ya sean noventa años o noventa minutos el tiempo se esfuma de la misma forma. Seis años han pasado y me atrevo a decir que la vida de todos ha cambiado en este tiempo, no solo en lo individual sino desde lo colectivo, atravesados por una pandemia, la globalización, cuestiones políticas, la inteligencia artificial, etc.

En estas instancias es común que la avaricia nos consuma, que el ímpetu por triunfar nos envuelva y que de alguna manera perdamos el foco de lo que somos. Esta temporada lo vivimos en varias ocasiones. Desde el principio con los rumores, las críticas, la sensación de que el equipo no tenía rumbo; luego con la racha de victorias que parecía interminable y el miedo opuesto, el de tocar el techo demasiado pronto. Las declaraciones de Lennart Kahl sobre el Madrid, la victoria frente al Madrid, la derrota contra el PSG. En todos esos momentos había un mismo denominador: el ganar como única medida, la perfección como único horizonte. La pregunta nunca era qué tan vivo estaba el equipo sino cuánto se parecía a lo que se supone que debe ser.

Eso es lo que hace el perfeccionismo. Te disocia del presente, te hace olvidar lo que eres porque estás demasiado ocupado intentando parecer lo que crees que debes ser. Y así, entre un entrenador y otro, pasaron seis años.

Aquí podrías pensar que estoy hablando de la final, del éxito, del doblete. Pero no. El tema es otro.

Este año no ha sido un año de títulos, aunque el equipo ya tenga dos hasta el momento, ha sido un año de reencuentro, ha sido un año de identidad, ha sido un año de pasión. El Bayern de la mano de Kompany ha logrado reencontrarse con su ADN, consigo mismo.

En estos seis años, después de que se ganó el triplete, el Bayern cayó en una especie de “personificación” de sí mismo. Dejó de ser lo que era y comenzó a actuar como lo que creía que debía ser (algún sector de aficionados sigue creyendo lo mismo). El Bayern pensó que era el club obligado a ganarlo todo, la maquinaria perfecta, la superioridad constante, el dominio automático, y la institución empezó a confundirse con una imagen de éxito que no era la suya. Al intentar sostener algo antes que una forma de ser, apareció la tensión.

Ansiedad, decisiones aceleradas, despidos o contrataciones teatrales con la intención de mandar un mensaje de que el club tiene exigencia más que la prioridad de un proyecto, reactividad, pérdida de espontaneidad, teatralidad por todos lados y el producto es un fútbol que no transmite nada.

Ahí en esa voracidad, el Bayern dejó de habitar en su ADN y empezó a interpretar el personaje del Bayern invencible y curiosamente en ese transcurso, el equipo no logró llegar a la final de la Pokal, estuvo a punto de perder una liga frente al Dortmund para luego perderla contra el Leverkusen.

Esto es muy distinto al “mia san mia”. Nosotros somos nosotros, somos lo que somos… eso no significa ganar siempre, por más que lo queramos, literalmente, nosotros somos nosotros no tiene absolutamente nada que ver con ganar siempre (pero calma, no te asustes). Somos lo que somos es una posición existencial, es una tradición, aceptar los fallos, las contradicciones, las limitantes, las tensiones, las vulnerabilidades, pero también, tus deseos, tus inquietudes, tus pulsiones, tus pasiones, por más desmedidas que sean.

La obsesión por mantener una imagen ganadora, del equipo que dominó el mundo en el 2020, provocó que el club dejara de ser lo que es, un club temerario y valiente, para convertirse en una caricatura de eso. No porque dejara de ganar —siguió ganando ligas— sino porque empezó a ser dirigido desde la desesperación por confirmarse constantemente. Cada temporada era evaluada no por lo que era, sino por cuánto se parecía el equipo a esa versión “perfecta” de sí mismo.

Ahí comenzó la turbulencia. El éxito del 2020 no fue haber ganado el triplete, el éxito fue haber quitado a Kovač del mando para poner a Flick, quien sí entendía lo que este club representa.

El Bayern ha sido un club feroz, dominante, caótico, pero el asunto es que nunca ha necesitado justificarse. Después del 2020 el club actuó como si tuviera que proteger una imagen de perfección permanente.

Si se despedía a un entrenador no era porque estuviera en riesgo el triplete sino porque era lo que se tenía que hacer, no importaba el momento de la temporada, si se tenía que hacer se hacía aunque eso atrajera críticas externas. De igual forma al traer ya sea algún entrenador o algún jugador, no se hacían compras pensando en regresar a la perfección sino que se contrataba a quien se tenía que contratar, a quien el equipo necesitaba. No al mejor entrenador, sino al que el club necesitaba y a veces eso lo encuentras en un entrenador que acaba de descender a la segunda división del fútbol inglés o en un extremo colombiano que vale 75 millones de euros. No es una cuestión de dar gusto o de tomar decisiones prudentes sino de tomar las decisiones que tienes que tomar.

Por eso esta temporada se siente distinta y la forma en la que el Bayern llega a la final también lo es, no porque el Bayern haya sido perfecto esta temporada sino porque ha dejado de perseguir eso.

Pero el Bayern nunca fue grande por ser perfecto o por ganarlo todo. Fue grande porque nunca tuvo miedo de actuar como lo que era. Cambiar entrenadores, romper jerarquías, apostar por perfiles inesperados, tomar decisiones incómodas o impopulares: no para proteger una imagen, sino porque así entendía su propia naturaleza.

Por eso esta temporada importa más acá —sí, acá, no allá, acá, aquí, cerca de nosotros— que los títulos. Porque el club volvió a sentirse libre de sí mismo, menos preocupado por parecer el Bayern ideal y más dispuesto a ser el Bayern vivo.

Eso es mia san mia desde el inicio, no una promesa de perfección sino la valentía de no traicionarse intentando aparentarla.

1 month ago | [YT] | 13

Somos lo que somos | Bayern Múnich Podcast

Manuel Gräfe, uno de los árbitros más reconocidos y respetados de la Bundesliga durante casi dos décadas publica en X

“Cuando escucho la interpretación de algunos directivos/exárbitros, se entiende por qué los árbitros en la Bundesliga tienen tantos problemas evaluando las manos.

La mano de Davies estaba pegada al cuerpo, sin movimiento → penal.
La de Neves, con movimiento activo → no penal.
Exactamente al revés habría sido lo correcto… y no porque sea el Bayern, sino porque si se quiere volver a tener una línea comprensible y técnicamente limpia según el reglamento.

Porque también fue incorrecto desde el punto de vista reglamentario, pero se intenta calmar a la opinión pública o simplemente no se entiende cómo armonizar la interpretación original del reglamento con los movimientos naturales del juego. La tan citada instrucción adicional de la IFAB está siendo mal interpretada incluso por algunos exárbitros y se refiere a una situación pasiva: ‘cuando la mano es golpeada’ — ‘is hit’.

La intención, que siempre debe sancionarse, ya queda definida únicamente por un movimiento activo hacia el balón —como en el caso de Neves— (pág. 81 del reglamento), porque nadie le levanta el brazo ahí: él mismo lo mueve de forma autónoma, es decir, intencionalmente.

En la jugada de Neves, la mano va hacia el balón y eso está descrito explícitamente en el reglamento y definido como intencional/sancionable: una mano deliberada —por ejemplo mediante un movimiento del brazo o de la mano hacia el balón— (pág. 81) siempre es sancionable. El texto del reglamento está por encima de cualquier instrucción secundaria, o al menos estas deben interpretarse correctamente.

Y si alguien argumenta absurdamente ‘¿qué jugador haría eso intencionalmente?’, primero, eso no toca el núcleo del asunto según la definición ya explicada: aquí se trata de un movimiento propio, voluntario y activo hacia el balón, y eso existe sin ninguna duda. Y segundo, ya he visto cientos de manos intencionales que no tenían sentido ni daban ventaja al equipo, pero aun así terminaron en penal porque el jugador simplemente lo hizo.

Estoy convencido de que Collina, junto con la FIFA o también la UEFA, aclarará esto internamente otra vez y querrán que en el futuro se sancionen los movimientos activos y no los rebotes pasivos. Así es como lo entiende el reglamento, y yo siempre viví los cursos de la UEFA como extremadamente competentes tanto futbolística como técnicamente. Especialmente Hugh Dallas y Vlado Sajn siempre analizaban las jugadas de manera limpia tanto futbolística como reglamentariamente. Muy rara vez árbitros top de otros países —o yo mismo— discrepábamos de su interpretación.

En el reglamento no existe ningún ‘permiso libre’ para una mano intencional —es decir, mediante un movimiento activo— después de un disparo de un compañero. Y eso también lo aclaró Arsène Wenger tras el partido, quien además participa en FIFA en temas reglamentarios. Él dijo que ‘con un brazo tan arriba y con movimiento activo, eso debe ser penal y no existe ningún permiso libre para una mano así’.

Así se podría volver a tener una línea clara: sancionar las manos activas/intencionales mediante movimientos hacia el balón; las pasivas, generalmente no, salvo si están por encima de la cabeza/hombro o si el jugador agranda su cuerpo de forma antinatural. Así de simple podría volver a ser la interpretación de las manos, y esperemos que UEFA/FIFA también den una señal al respecto.

Todo lo demás sería/es grotesco, igual que las interpretaciones en esta serie de semifinales…”

2 months ago | [YT] | 8

Somos lo que somos | Bayern Múnich Podcast

Queridos amigos,
Una semana después y aquí estamos de nuevo.
El encuentro de la semana pasada nos demostró quiénes son los dos mejores equipos del mundo en este momento. No fue solo un espectáculo para el aficionado ocasional. Fue una declaración táctica, una imagen del futuro del fútbol. Dos equipos que, si logran mantenerse donde están, marcarán una época.
A unas horas del segundo round, el ambiente en torno al partido en Múnich es peculiar. Los de rojo llegan a casa con una derrota por un gol de diferencia y, sin embargo, no hace falta hablar de épica. No hace falta recordar remontadas. Hay algo más profundo que eso. Hay calma. Pero no es la calma del que no tiene nada que perder. Es la calma del que sabe quién es. Y eso, en el fútbol, vale más que cualquier estadística. Afición, jugadores, directiva, entrenador. Todos en el mismo lugar, todos respirando al mismo ritmo, todos empujando hacia el mismo punto. No hay ansiedad. Lo que hay es algo parecido a una brisa suave en la espalda, esa certeza silenciosa de que algo te empuja hacia adelante, de que este partido no es más que una parada en el camino hacia lo que ya empieza a sentirse como el destino de este equipo. Ganarlo todo.
El encuentro no será sencillo. Una semifinal de Champions nunca lo es. Ningún equipo llega hasta aquí por casualidad ni por suerte. Como lo hemos dicho una y otra vez en estas últimas semanas: cuando un equipo se encuentra a tres partidos de ser campeón de Europa, la temporada ya es un éxito. Si además has ganado la liga doméstica y estás en la final de copa, no debería existir ninguna duda al respecto. En este momento, más que nervios o ansiedad, lo único que debería sentirse es orgullo.
Y en un plano personal quiero compartirles algo. Este podcast nació pocas horas después de una de las noches más dolorosas que recuerdo como aficionado. El equipo cayó frente al PSG de una manera que dolió de verdad, de esa manera que solo duele cuando amas algo. Y yo, en lugar de apagar la pantalla y seguir con mi vida, decidí encender un micrófono. No sé muy bien por qué. Tal vez porque necesitaba procesar algo. Tal vez porque sentía que había una historia que merecía ser contada de otra manera. Lo que sí sé es que desde el primer episodio, algo en mí supo que esta temporada iba a ser distinta. Y lo que me ha seguido durante todos estos meses es una sola idea: ha tocado cerrar círculos. Lo hemos hecho con Kompany, ese entrenador extraordinario que encontró la manera de devolverle al equipo su identidad. Lo hemos hecho en lo administrativo, con una directiva que tomó decisiones difíciles y las tomó bien. Lo hemos hecho en lo mediático, donde la afición, por fin, dejó de seguir el relato ajeno y optó por dar cuenta de lo que somos. Y lo más importante: lo hemos hecho en el campo. El equipo volvió a jugar como jugaba, con la diferencia de que ahora, cuando las cosas se ponen duras, no se rompe. Ese sello característico del Bayern Múnich, ese que parecía perdido, está de vuelta. Llegamos a París y ganamos. Fuimos a Madrid y ganamos. Y hoy el presentimiento es el mismo. Toca cerrar otro círculo, dejar atrás cuatro años turbulentos y volver a meternos en una final de Champions.
Esta noche, cuando suene el silbato inicial, espero que estén ahí. Con alguien que quieran. O solos, si así lo prefieren, porque a veces el fútbol también se vive mejor en silencio. Pero presentes. Completamente presentes. Porque hay partidos que se ven y hay partidos que se sienten, y este es uno de esos. Independientemente del resultado, quiero que hoy y siempre se sientan parte de algo grande. Y que se hagan una promesa: que mañana, sin importar lo que ocurra esta noche, portarán la playera con orgullo.
Siempre hacia adelante

2 months ago | [YT] | 33

Somos lo que somos | Bayern Múnich Podcast

😍😍😍😍😍😍

2 months ago | [YT] | 31

Somos lo que somos | Bayern Múnich Podcast

Marcel Beltran para Revista Panenka escribe lo siguiente

Es posible que dentro de siete años, cuatro meses y diecinueve días nos levantemos una mañana de la cama y notemos un ligero dolor de cabeza: todavía tendremos resaca del PSG-Bayern que se jugó ayer en el Parque de los Príncipes. Hay partidos que son una pérdida de tiempo, hay partidos que sirven para pasar el rato, hay partidos que deciden temporadas y hay partidos que no deberían acabarse nunca.
El que midió a los futbolistas de Luis Enrique y de Vincent Kompany en la ida de las semifinales de Champions 2025-26 pertenece a esa última categoría. Y continuará ahí, en un rincón, durante décadas, como ocurre con algunos monstruos o algunos amores de la infancia, que nunca terminan de marcharse. Fue como sentir un calambre durante cien minutos. Hay noches en las que el fútbol se afloja la corbata, toma la botella, llena la copa hasta el borde y dice: qué coño, hoy toca divertirse. Son las mejores noches, porque el delirio campa a sus anchas. Y entonces Kane se pone a dar pases a sus compañeros como quien reparte globos en una fiesta de cumpleaños. Y Kvaratskhelia empieza pegarle tiros a todo lo que se mueve. Y Olise se desliza por su banda como si patinara por una pista de hielo. Y el pequeño João Neves vuela por los aires en plan Artemis III. Y a Luis Díaz se le mete el demonio en el cuerpo y rompe a gambetear por todas partes. Y Dembélé hace de Démbélé
(nadie hace de Dembélé como Dembélé: ni cuando brilla ni cuando zozobra). Y a Musiala le aparecen ventosas en las botas. Y los dos equipos se siguen dando con la mano abierta. Y Marquinhos acaba diciendo que fue el partido que todos soñaron jugar desde niños. Les costará recuperarse. A ellos y a nosotros. Nueve goles titánicos. Y pudieron ser más. Que le jodan a la migraña. Hay una forma de distinguir las mejores noches de tu vida: son las que siempre te parece que terminan demasiado pronto.

2 months ago | [YT] | 11

Somos lo que somos | Bayern Múnich Podcast

Queridos amigos

En aquel lejano noviembre, cuando el Bayern pisó el Parque de los Príncipes, el equipo nos recordó a muchos de qué estamos hechos. No solo reconectamos con el club; sentimos una chispa encenderse dentro de nosotros, una chispa que, con el paso de los partidos y las victorias, no ha dejado de crecer.

Aquella noche, el Bayern se fue al descanso ganando 2-0. Pero apenas unos segundos antes del final de la primera mitad, el árbitro señaló una falta en media cancha. El VAR intervino y apareció la roja para Luis Díaz. Un escenario lamentable por el rumbo que podía tomar el partido, aunque soportable gracias a la garra del equipo.

Poco a poco, el PSG comenzó a crecer y parecía imposible que el Bayern pudiera sostener la ventaja. Pero la valentía y el coraje mostrados aquella noche terminaron convirtiéndose en la base de una fe que no ha dejado de crecer alrededor de un equipo que jamás deja de insistir ni de luchar. Un equipo que pelea el uno por el otro y que, recordando su propia historia, sabe que siempre puede darle la vuelta a cualquier partido.

Quienes han tenido la suerte de vivir esta temporada de la mano de este podcast difícilmente olvidarán estos momentos.

Los partidos contra Leipzig, Frankfurt, Chelsea, París, Köln, Union Berlin, Freiburg, Madrid y ahora Mainz han construido algo que ningún medio periodístico ni ninguna campaña de marketing con frases rimbombantes puede fabricar de forma artificial.

Es el orgullo por un equipo tan tranquilo como su entrenador; un grupo humilde, unido y profundamente comprometido. Un Bayern que le ha regalado a su afición una temporada de ensueño, con todo lo que cualquier amante del futbol podría pedir. Un equipo que supo levantarse no solo frente a las críticas del inicio de temporada, sino también frente a cada adversidad que apareció en el camino.

Y hace apenas unos días, en Mainz, se vivió algo difícil de explicar. La afición bávara cantó durante todo el partido, una y otra vez, los objetivos de las próximas semanas. Una atmósfera conectada directamente con aquella chispa nacida en París en noviembre. Una chispa que no se apaga ni siquiera con un 3-0 en contra.

“Wir holen die Meisterschaft,
und den Europacup,
und den Pokal,
den holen wir noch ein Mal…”

Algo que, llevado de forma más natural y coloquial a nuestro idioma, sonaría más o menos así:

“Vamos a ganar la liga, la Copa de Europa y la Pokal… y las volveremos a ganar.”

Y así, de la mano, hoy estamos otra vez en semifinales de la Copa de Europa, de esa Champions tan ansiada; una hazaña que solamente cuatro equipos en todo el continente consiguen alcanzar cada temporada.

Muchos podrían pensar que es algo normal, que este es el lugar donde el Bayern tendría que estar año tras año. Pero pensar eso es menospreciar la competición y todo lo que este equipo ha construido durante estos meses.

Quedan 180 minutos más el añadido y el desenlace sigue completamente abierto. La moneda sigue en el aire.

Este equipo ya demostró, como ocurrió frente al Real Madrid, que tanto fuera de casa como en Múnich, jugadores y afición entendieron perfectamente cuál era la misión.

Y aunque al final no podamos controlar ni intervenir en lo que sucede dentro del campo, sí podemos valorar y disfrutar todo lo que este Bayern ya nos ha regalado. Incluso tomarlo como inspiración para nuestra propia vida cotidiana: insistir, resistir y seguir adelante aun cuando las cosas parecen cuesta arriba.

Hoy el llamado es claro: ponte tu camiseta, reúnete con los tuyos, abraza a tu gente y disfruta al máximo el momento.

Porque el lema ya quedó escrito:

“Vamos a ganar la liga, la Copa de Europa y la Pokal… y las volveremos a ganar.”

Nos vemos mañana en el episodio post partido.

2 months ago | [YT] | 16

Somos lo que somos | Bayern Múnich Podcast

NOS VAMOS A BERLÍN
2/6 ✅

2 months ago | [YT] | 27

Somos lo que somos | Bayern Múnich Podcast

Texto publicado por Club Nr. 12, los gestores de toda la grupos de animación.


Hay partidos en la vida de un aficionado al fútbol donde desde días antes ya sientes algo raro en el cuerpo, como un cosquilleo difícil de explicar. Y no solo le pasa a los que tienen boleto, también a los que van a vivir esos 90 minutos “solo” desde la tele. Es una mezcla de nervios, emoción, ilusión… y también esa pequeña duda de quién va a ser mejor al final.

Pero vámonos unos días atrás. Cuando el Sábado Santo el partido de Bundesliga contra el Freiburg llegó al minuto 80, el ambiente en la grada visitante se había venido un poco abajo. Parecía claro que el equipo no iba a exigirse al máximo en lo futbolístico, pero nadie esperaba ir perdiendo 0-2. Al final no iba a cambiar nada en la tabla, pero igual te quedas pensando: ¿cómo interpretas una derrota así? Y justo en ese momento cae el 1-2. De repente ya hasta el 2-2 sonaba posible, y cuando el equipo empezó a apretar, la grada también volvió a subir el volumen. Y luego llegaron esos minutos en Friburgo que resumen toda la temporada: darlo todo juntos, no dejar de creer — dentro y fuera de la cancha. Cayó el 2-2, y el festejo del 2-3 minutos después fue una mezcla de incredulidad, cerveza volando por todos lados y pura emoción por no rendirse.

Y ahora toca ir a España, contra el Real Madrid. La última vez que nos enfrentamos fue en la semifinal europea de 2024. Hubo — igual que el sábado pasado — un gol en tiempo añadido. Y las lágrimas que vinieron no fueron de alegría. Empezó a sonar el himno del Madrid, y pocas cosas le provocan sentimientos tan negativos a un fan del Bayern como esa música. Durante minutos no hubo nada, solo silencio y miradas vacías en la zona visitante del Bernabéu. Otra vez no se pudo salir ganando. Sin final.

Podríamos hablar de la “bestia negra”, sacar estadísticas del pasado… pero al final es algo del presente: una sensación que nos hace llegar a estos 90 minutos con mucha esperanza.

El camino a la final del 30 de mayo en Budapest es de los más duros que hay. Pero estamos haciendo las maletas para mañana con una ilusión que no sentíamos desde hace tiempo. En un buen día, podemos dejar bien encaminada la eliminatoria en Madrid. Y aquí lo importante es el NOSOTROS. Hagan ruido, aguanten. Menos videos (del punto de reunión o de la grada) para Instagram o la familia, y más aplaudir, abrazarse, saltar. Se trata de estar unidos — equipo y afición. Va a ser duro para todos en Madrid: en la cancha contra el “ballet blanco” y en la grada visitante contra todo el show mediático del equipo local.

Y quién sabe, tal vez el martes por la noche, después del silbatazo final, haya caras de sorpresa… y mucha alegría de nuestro lado. Hagamos todo para que pase.

¡Por toda Europa, siempre contigo!

El punto de reunión el día del partido es desde las 17:45 en Plaza de Castilla — de ahí nos vamos al estadio.

Nos vemos en Madrid,
su Club Nº 12

3 months ago | [YT] | 34