🩸La única ofrenda aceptable es la sangre de Jesucristo.
La única ofrenda verdaderamente aceptable delante de Dios no es algo que el hombre produzca, sino lo que Dios mismo proveyó. En nuestras manos no hay mérito ni justicia suficiente. Si nos presentamos ante Dios confiando en nuestras obras, nos presentamos vacíos.
Nada puede ganar el favor de Dios: ni oro, ni sacrificios humanos, ni ayunos, ni oraciones intensas, ni disciplina religiosa. Separadas de Cristo, aun las prácticas más piadosas carecen de valor. La Escritura declara: “Todas nuestras justicias como trapo de inmundicia” (Isaías 64:6). Pretender comprar el favor de Dios es negar la suficiencia de la cruz.
El favor de Dios no se gana; se recibe por gracia. “Si es por gracia, ya no es por obras” (Romanos 11:6). Por eso, la vida cristiana no busca provocar bendición, sino responder agradecidamente a una bendición ya otorgada en Cristo (Efesios 1:3).
Nuestras oraciones, ayunos y generosidades no son moneda de cambio, sino frutos de una salvación consumada. Oramos, ayunamos y damos no para ser aceptados, sino porque ya lo somos. Todo descansa sobre una verdad central: Dios sólo acepta una ofrenda para la expiación del pecado, y esa ofrenda es la sangre de su Hijo.
Hebreos 9:12–14 (RVR1960) “Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención… ¿cuánto más la sangre de Cristo… limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”
📖 Juan 3:16 no enseña una expiación universal para todos los individuos, sino la salvación por fe y el alcance étnico del pueblo de Dios, en un contexto donde el judaísmo del siglo I rechazaba la inclusión de los gentiles como parte del pueblo escogido. El término “mundo” (κόσμος) no apunta a universalismo redentor, sino a la ruptura del exclusivismo judío.
Juan escribe en un escenario real de persecución y expulsión de las sinagogas para quienes confesaban a Cristo (Jn 9:22; 12:42; 16:2). Frente a esto, afirma que el amor de Dios no está limitado a Israel según la carne, sino que se extiende a los que creen, es decir, a los escogidos de entre todas las naciones: “para que todo aquel que cree” (Jn 3:16).
Este entendimiento es coherente en todo el pensamiento joánico. Jesús da su vida por las ovejas y no por el mundo sin distinción (Jn 10:11), y declara que tiene otras ovejas que no son de este redil (Jn 10:16), señalando la inclusión de los gentiles dentro del pueblo elegido. La fe no define al escogido, sino que es el medio por el cual el escogido recibe vida eterna (Jn 6:37, 44).
En las epístolas, Juan refuerza esta misma lógica: los creyentes lo son porque han nacido de Dios (1 Jn 5:1), y el mundo no los conoce porque no conoció a Cristo (1 Jn 3:1), estableciendo una clara distinción entre el mundo incrédulo y los hijos de Dios. La obra de Cristo es eficaz para los suyos, quienes han sido llamados y guardados por Dios (1 Jn 2:19).
Finalmente, en Apocalipsis, Juan presenta el cumplimiento pleno de esta verdad: Cristo redimió para Dios personas de toda tribu, lengua, pueblo y nación (Ap 5:9), no a la humanidad entera sin excepción. Así, Juan 3:16 debe leerse no como una afirmación de expiación universal, sino como una proclamación de que la salvación es por fe y que los escogidos de Dios trascienden toda frontera étnica, conforme al propósito eterno de Dios.
📖 Los movimientos judaizantes actuales, difundidos en ciertos círculos pentecostales, no representan avance doctrinal sino regresión, pues se detienen en etapas provisionales del pacto y desconocen que la revelación culmina en Cristo (He 1:1–2).
Desde la teología del pacto (presbiterianismo) afirmamos que Dios NO tiene dos pueblos ni dos planes redentores. El verdadero Israel no se define por etnia ni por un Estado moderno, sino por el pacto de gracia cumplido en Cristo (Ro 9:6–8). Las promesas del Antiguo Testamento alcanzan su plenitud en Jesucristo, la simiente prometida, en quien todas las promesas son “sí y amén” (Gá 3:16; 2 Co 1:20).
Por eso, la Iglesia no reemplaza a Israel: la Iglesia es el Israel redimido en Cristo, el pueblo del pacto reunido por la fe (Ef 2:14–16). Todo el que está en Cristo es linaje de Abraham y heredero según la promesa, no por la carne, sino por la fe (Gá 3:26–29). Las leyes ceremoniales y distinciones étnicas fueron pedagógicas y temporales; aferrarse a ellas hoy es volver a las sombras y oscurecer el evangelio (Col 2:16–17).
El pacto no retrocede: Cristo es su cumplimiento final.
La Escritura nunca presenta a los impíos como ingenuos; por el contrario, advierte que “los hombres malos y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados” (2 Timoteo 3:13), y que cuando la iglesia renuncia a la autocrítica bíblica, la corrupción se normaliza hasta dominarlo todo. Callar frente al error no protege a la fe, la degrada; tolerar la mentira en nombre de la paz solo fortalece a los falsos maestros, pues “un poco de levadura leuda toda la masa” (Gálatas 5:9). La corrección doctrinal no es falta de amor, sino su expresión más responsable, ya que amar la verdad implica odiar el engaño (Salmo 119:104) y obedecer el mandato apostólico de “contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 1:3). Cuando la iglesia deja de examinarse a la luz de la Palabra, el pecado se institucionaliza y la mentira se vuelve norma, pero cuando la verdad es proclamada sin temor, la luz de Cristo expone las obras de las tinieblas (Efesios 5:11).
“Por tanto, no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo.” (Efesios 5:11–13)
📖 La salvación no se pierde porque no consiste en una simple decisión humana susceptible al cambio, sino en una obra soberana y eficaz de Dios que transforma radicalmente al pecador desde lo más profundo de su ser; aquel que estaba muerto en delitos y pecados es vivificado por la gracia (Ef 2:1–5), y al recibir un corazón nuevo, deja de ser piedra para convertirse en carne (Ez 36:26), de modo que la regeneración produce necesariamente una nueva disposición hacia Dios.
Esta obra no es resistible ni superficial, sino eficaz e irreversible, pues “a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó” (Ro 8:30), estableciendo una cadena inquebrantable de salvación. Por ello, el creyente verdadero es guardado por el poder de Dios mediante la fe (1 P 1:5), y aquel que comenzó la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Fil 1:6), porque la gracia que salva es la misma que santifica. Así, la perseverancia no es el esfuerzo humano por mantenerse salvo, sino la evidencia necesaria de una transformación divina que convierte irresistiblemente lo vil en santo (1 Co 6:11), para la gloria exclusiva de Dios.
La salvación no se pierde, porque la salvación no solo declara justo al pecador, sino que lo transforma eficaz e irresistiblemente, pasando de lo vil a lo santo por la obra soberana y perseverante de la gracia de Dios.i
📖 La Biblia no enseña ni respalda prácticas como las llamadas “borracheras santas”, el “vómito en el espíritu”, los “trabalenguas proféticos”, la “risa profética” o el “escupitajo del reino”. Estas manifestaciones no provienen del testimonio bíblico ni del obrar del Espíritu Santo revelado en las Escrituras. La embriaguez, aun simbólica, es explícitamente condenada (Efesios 5:18)
Lejos de glorificar a Dios, distorsionan Su carácter y confunden a la iglesia. El Espíritu Santo no anula la mente, no degrada el cuerpo ni produce desorden; por el contrario, produce sobriedad, dominio propio y edificación. Él ilumina la verdad, conduce al arrepentimiento y exalta a Cristo (Juan 16:13–14). Por tanto, toda práctica espiritual debe ser evaluada, no por la emoción o la popularidad, sino por la fidelidad a la Palabra de Dios. Fuera de ella, simplemente no existe.
📖 En Ezequiel 37, los huesos no deciden, no cooperan y no responden porque están muertos.
Dios no habla a los huesos para que reaccionen, sino al profeta para que proclame la Palabra; esta Y Palabra no espera una voluntad restaurada en los huesos para que “elijan” que hacer, simplemente, la palabra produce vida.
De igual manera el evangelio, sólo produce vida en aquellos que han sido ordenados para vida eterna desde antes de la fundación del mundo.
La llamada gracia preveniente supone capacidad en la muerte; la Biblia enseña lo contrario: “Estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Ef 2:1).
Un muerto no coopera con su resurrección. Primero Dios da vida. Luego hay fe.
Ezequiel 37 no enseña cooperación, sino gracia eficaz.
⚠️La gracia bíblica consiste en dar lo que no se merece, no en premiar lo que se hizo bien. Dios no responde al pecado con recompensas, sino que interviene soberanamente para transformar al pecador. Por eso Pablo afirma que Dios nos amó “siendo aún pecadores” (Ro 5:8), dejando claro que la gracia no es una reacción a nuestra bondad, sino una acción libre de Su misericordia.
Esta gracia no justifica lo malo que el hombre ha hecho, sino que crea en él lo que nunca tuvo. Dios da corazones generosos a hombres de corazón codicioso, y corazones humildes a hombres de corazón soberbio, no porque tales virtudes estuvieran latentes, sino porque Él las produce. Así, toda jactancia humana queda excluida (Ef 2:8–9), y la gloria de la salvación pertenece únicamente a Dios.
En el núcleo de la gracia está esta verdad: Dios no salva a hombres buenos, sino que hace buenos a hombres malos. La regeneración no es una mejora moral, sino un acto creador de Dios en el interior del hombre. Como enseña la Escritura, el cambio no nace de la carne ni de la voluntad humana, sino del Espíritu de Dios (Jn 3:5–6).
Ezequiel 36:26–27 (RVR1960) “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.”
☢️La estructura teológica corrupta del movimiento apostólico/profético contemporáneo ha producido una avalancha de falsos profetas que se arriesgan constantemente a vaticinar acontecimientos políticos, como la caída o la victoria del régimen de Nicolás Maduro. Mientras unos anuncian su derrocamiento, otros proclaman su victoria, evidenciando contradicciones que no provienen de Dios, sino de una doctrina catastrófica. ⚠️ Estos líderes no operan como profetas bíblicos, sino como intérpretes del azar: profetizan con tanta frecuencia que algunos aciertos son INEVITABLES. Luego, esos pocos aciertos son utilizados para exigir credibilidad, ignorando la gran cantidad de profecías erradas que los rodean.
Esta práctica contradice el claro estándar bíblico expuesto en Deuteronomio 18:22, donde se afirma que si una profecía no se cumple, no proviene de Dios.
La Escritura advierte contra este tipo de engaño. Jeremías denunció a los profetas que hablaban desde su propio corazón y no de parte del Señor (Jeremías 23:16), y Jesús alertó sobre los falsos profetas disfrazados de piedad (Mateo 7:15). A pesar de ello, el movimiento apostólico–profético moderno justifica sus errores y redefine el criterio bíblico para sostener su autoridad.
Lamentablemente este movimiento no representa una restauración del ministerio profético, sino un fracaso teológico sostenido por la exageración y el sensacionalismo. Profetizan tanto que algunos aciertos ocurren por simple probabilidad, y pretenden que esos pocos sean suficientes para validarlos como profetas de Dios, ignorando el llamado bíblico a examinarlo todo y retener lo verdadero (1 Tesalonicenses 5:21).
Juan Camilo Tovar
🩸La única ofrenda aceptable es la sangre de Jesucristo.
La única ofrenda verdaderamente aceptable delante de Dios no es algo que el hombre produzca, sino lo que Dios mismo proveyó. En nuestras manos no hay mérito ni justicia suficiente. Si nos presentamos ante Dios confiando en nuestras obras, nos presentamos vacíos.
Nada puede ganar el favor de Dios: ni oro, ni sacrificios humanos, ni ayunos, ni oraciones intensas, ni disciplina religiosa. Separadas de Cristo, aun las prácticas más piadosas carecen de valor. La Escritura declara: “Todas nuestras justicias como trapo de inmundicia” (Isaías 64:6). Pretender comprar el favor de Dios es negar la suficiencia de la cruz.
El favor de Dios no se gana; se recibe por gracia. “Si es por gracia, ya no es por obras” (Romanos 11:6). Por eso, la vida cristiana no busca provocar bendición, sino responder agradecidamente a una bendición ya otorgada en Cristo (Efesios 1:3).
Nuestras oraciones, ayunos y generosidades no son moneda de cambio, sino frutos de una salvación consumada. Oramos, ayunamos y damos no para ser aceptados, sino porque ya lo somos. Todo descansa sobre una verdad central: Dios sólo acepta una ofrenda para la expiación del pecado, y esa ofrenda es la sangre de su Hijo.
Hebreos 9:12–14 (RVR1960)
“Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención… ¿cuánto más la sangre de Cristo… limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”
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Juan Camilo Tovar
📖 Juan 3:16 no enseña una expiación universal para todos los individuos, sino la salvación por fe y el alcance étnico del pueblo de Dios, en un contexto donde el judaísmo del siglo I rechazaba la inclusión de los gentiles como parte del pueblo escogido. El término “mundo” (κόσμος) no apunta a universalismo redentor, sino a la ruptura del exclusivismo judío.
Juan escribe en un escenario real de persecución y expulsión de las sinagogas para quienes confesaban a Cristo (Jn 9:22; 12:42; 16:2). Frente a esto, afirma que el amor de Dios no está limitado a Israel según la carne, sino que se extiende a los que creen, es decir, a los escogidos de entre todas las naciones: “para que todo aquel que cree” (Jn 3:16).
Este entendimiento es coherente en todo el pensamiento joánico. Jesús da su vida por las ovejas y no por el mundo sin distinción (Jn 10:11), y declara que tiene otras ovejas que no son de este redil (Jn 10:16), señalando la inclusión de los gentiles dentro del pueblo elegido. La fe no define al escogido, sino que es el medio por el cual el escogido recibe vida eterna (Jn 6:37, 44).
En las epístolas, Juan refuerza esta misma lógica: los creyentes lo son porque han nacido de Dios (1 Jn 5:1), y el mundo no los conoce porque no conoció a Cristo (1 Jn 3:1), estableciendo una clara distinción entre el mundo incrédulo y los hijos de Dios. La obra de Cristo es eficaz para los suyos, quienes han sido llamados y guardados por Dios (1 Jn 2:19).
Finalmente, en Apocalipsis, Juan presenta el cumplimiento pleno de esta verdad: Cristo redimió para Dios personas de toda tribu, lengua, pueblo y nación (Ap 5:9), no a la humanidad entera sin excepción. Así, Juan 3:16 debe leerse no como una afirmación de expiación universal, sino como una proclamación de que la salvación es por fe y que los escogidos de Dios trascienden toda frontera étnica, conforme al propósito eterno de Dios.
5 days ago | [YT] | 318
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Juan Camilo Tovar
📖 Los movimientos judaizantes actuales, difundidos en ciertos círculos pentecostales, no representan avance doctrinal sino regresión, pues se detienen en etapas provisionales del pacto y desconocen que la revelación culmina en Cristo (He 1:1–2).
Desde la teología del pacto (presbiterianismo) afirmamos que Dios NO tiene dos pueblos ni dos planes redentores. El verdadero Israel no se define por etnia ni por un Estado moderno, sino por el pacto de gracia cumplido en Cristo (Ro 9:6–8). Las promesas del Antiguo Testamento alcanzan su plenitud en Jesucristo, la simiente prometida, en quien todas las promesas son “sí y amén” (Gá 3:16; 2 Co 1:20).
Por eso, la Iglesia no reemplaza a Israel: la Iglesia es el Israel redimido en Cristo, el pueblo del pacto reunido por la fe (Ef 2:14–16). Todo el que está en Cristo es linaje de Abraham y heredero según la promesa, no por la carne, sino por la fe (Gá 3:26–29). Las leyes ceremoniales y distinciones étnicas fueron pedagógicas y temporales; aferrarse a ellas hoy es volver a las sombras y oscurecer el evangelio (Col 2:16–17).
El pacto no retrocede: Cristo es su cumplimiento final.
1 week ago | [YT] | 408
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Juan Camilo Tovar
La verdad no se preserva mediante el silencio.
La Escritura nunca presenta a los impíos como ingenuos; por el contrario, advierte que “los hombres malos y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados” (2 Timoteo 3:13), y que cuando la iglesia renuncia a la autocrítica bíblica, la corrupción se normaliza hasta dominarlo todo. Callar frente al error no protege a la fe, la degrada; tolerar la mentira en nombre de la paz solo fortalece a los falsos maestros, pues “un poco de levadura leuda toda la masa” (Gálatas 5:9). La corrección doctrinal no es falta de amor, sino su expresión más responsable, ya que amar la verdad implica odiar el engaño (Salmo 119:104) y obedecer el mandato apostólico de “contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 1:3). Cuando la iglesia deja de examinarse a la luz de la Palabra, el pecado se institucionaliza y la mentira se vuelve norma, pero cuando la verdad es proclamada sin temor, la luz de Cristo expone las obras de las tinieblas (Efesios 5:11).
“Por tanto, no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo.” (Efesios 5:11–13)
1 week ago (edited) | [YT] | 476
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Juan Camilo Tovar
📖 La salvación no se pierde porque no consiste en una simple decisión humana susceptible al cambio, sino en una obra soberana y eficaz de Dios que transforma radicalmente al pecador desde lo más profundo de su ser; aquel que estaba muerto en delitos y pecados es vivificado por la gracia (Ef 2:1–5), y al recibir un corazón nuevo, deja de ser piedra para convertirse en carne (Ez 36:26), de modo que la regeneración produce necesariamente una nueva disposición hacia Dios.
Esta obra no es resistible ni superficial, sino eficaz e irreversible, pues “a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó” (Ro 8:30), estableciendo una cadena inquebrantable de salvación. Por ello, el creyente verdadero es guardado por el poder de Dios mediante la fe (1 P 1:5), y aquel que comenzó la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Fil 1:6), porque la gracia que salva es la misma que santifica. Así, la perseverancia no es el esfuerzo humano por mantenerse salvo, sino la evidencia necesaria de una transformación divina que convierte irresistiblemente lo vil en santo (1 Co 6:11), para la gloria exclusiva de Dios.
La salvación no se pierde, porque la salvación no solo declara justo al pecador, sino que lo transforma eficaz e irresistiblemente, pasando de lo vil a lo santo por la obra soberana y perseverante de la gracia de Dios.i
1 week ago | [YT] | 454
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Juan Camilo Tovar
📖 La Biblia no enseña ni respalda prácticas como las llamadas “borracheras santas”, el “vómito en el espíritu”, los “trabalenguas proféticos”, la “risa profética” o el “escupitajo del reino”. Estas manifestaciones no provienen del testimonio bíblico ni del obrar del Espíritu Santo revelado en las Escrituras. La embriaguez, aun simbólica, es explícitamente condenada (Efesios 5:18)
Lejos de glorificar a Dios, distorsionan Su carácter y confunden a la iglesia. El Espíritu Santo no anula la mente, no degrada el cuerpo ni produce desorden; por el contrario, produce sobriedad, dominio propio y edificación. Él ilumina la verdad, conduce al arrepentimiento y exalta a Cristo (Juan 16:13–14). Por tanto, toda práctica espiritual debe ser evaluada, no por la emoción o la popularidad, sino por la fidelidad a la Palabra de Dios. Fuera de ella, simplemente no existe.
1 week ago | [YT] | 446
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Juan Camilo Tovar
📖Curso de hermeneutica | ¿Como interpretar la biblia? ⚠️Inscripciones: dominadosporlaescritura@gmail.com
2 weeks ago | [YT] | 223
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Juan Camilo Tovar
📖 En Ezequiel 37, los huesos no deciden, no cooperan y no responden porque están muertos.
Dios no habla a los huesos para que reaccionen, sino al profeta para que proclame la Palabra; esta Y Palabra no espera una voluntad restaurada en los huesos para que “elijan” que hacer, simplemente, la palabra produce vida.
De igual manera el evangelio, sólo produce vida en aquellos que han sido ordenados para vida eterna desde antes de la fundación del mundo.
La llamada gracia preveniente supone capacidad en la muerte; la Biblia enseña lo contrario: “Estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Ef 2:1).
Un muerto no coopera con su resurrección.
Primero Dios da vida.
Luego hay fe.
Ezequiel 37 no enseña cooperación, sino gracia eficaz.
2 weeks ago | [YT] | 217
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Juan Camilo Tovar
⚠️La gracia bíblica consiste en dar lo que no se merece, no en premiar lo que se hizo bien. Dios no responde al pecado con recompensas, sino que interviene soberanamente para transformar al pecador. Por eso Pablo afirma que Dios nos amó “siendo aún pecadores” (Ro 5:8), dejando claro que la gracia no es una reacción a nuestra bondad, sino una acción libre de Su misericordia.
Esta gracia no justifica lo malo que el hombre ha hecho, sino que crea en él lo que nunca tuvo. Dios da corazones generosos a hombres de corazón codicioso, y corazones humildes a hombres de corazón soberbio, no porque tales virtudes estuvieran latentes, sino porque Él las produce. Así, toda jactancia humana queda excluida (Ef 2:8–9), y la gloria de la salvación pertenece únicamente a Dios.
En el núcleo de la gracia está esta verdad: Dios no salva a hombres buenos, sino que hace buenos a hombres malos. La regeneración no es una mejora moral, sino un acto creador de Dios en el interior del hombre. Como enseña la Escritura, el cambio no nace de la carne ni de la voluntad humana, sino del Espíritu de Dios (Jn 3:5–6).
Ezequiel 36:26–27 (RVR1960)
“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.”
2 weeks ago | [YT] | 530
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Juan Camilo Tovar
☢️La estructura teológica corrupta del movimiento apostólico/profético contemporáneo ha producido una avalancha de falsos profetas que se arriesgan constantemente a vaticinar acontecimientos políticos, como la caída o la victoria del régimen de Nicolás Maduro. Mientras unos anuncian su derrocamiento, otros proclaman su victoria, evidenciando contradicciones que no provienen de Dios, sino de una doctrina catastrófica.
⚠️
Estos líderes no operan como profetas bíblicos, sino como intérpretes del azar: profetizan con tanta frecuencia que algunos aciertos son INEVITABLES.
Luego, esos pocos aciertos son utilizados para exigir credibilidad, ignorando la gran cantidad de profecías erradas que los rodean.
Esta práctica contradice el claro estándar bíblico expuesto en Deuteronomio 18:22, donde se afirma que si una profecía no se cumple, no proviene de Dios.
La Escritura advierte contra este tipo de engaño. Jeremías denunció a los profetas que hablaban desde su propio corazón y no de parte del Señor (Jeremías 23:16), y Jesús alertó sobre los falsos profetas disfrazados de piedad (Mateo 7:15). A pesar de ello, el movimiento apostólico–profético moderno justifica sus errores y redefine el criterio bíblico para sostener su autoridad.
Lamentablemente este movimiento no representa una restauración del ministerio profético, sino un fracaso teológico sostenido por la exageración y el sensacionalismo. Profetizan tanto que algunos aciertos ocurren por simple probabilidad, y pretenden que esos pocos sean suficientes para validarlos como profetas de Dios, ignorando el llamado bíblico a examinarlo todo y retener lo verdadero (1 Tesalonicenses 5:21).
2 weeks ago | [YT] | 252
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