🇺🇸 🇻🇪 A lo largo de la historia bíblica, Dios ha demostrado su soberanía absoluta sobre los gobernantes y las naciones: humilló a reyes soberbios como Nabucodonosor para mostrar que “el Altísimo gobierna el reino de los hombres” (Dn 4:32), permitió el ascenso y la caída de imperios que parecían invencibles como Roma, simbolizada en la Escritura bajo la figura de “Babilonia” juzgada por Dios, para evidenciar que ningún poder terrenal es eterno (Ap 18:2), y dejó claro que el curso de la historia no está en manos de la tierra sino del cielo, pues “nuestra ciudadanía está en los cielos” (Fil 3:20).
Por eso, la esperanza del pueblo de Dios no descansa en sistemas políticos ni en líderes humanos, sino en los planes redentores del Señor, quien gobierna la historia con propósito y fidelidad para con los suyos (Jer 29:11).
Esta verdad se resume de manera contundente en la Escritura: “Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos” (Daniel 2:21, RVR1960).
Por esta razón, la teología sólida debe confrontar el lenguaje motivacional vacío, no por falta de amor pastoral, sino por fidelidad a la verdad. El pueblo de Dios no necesita un Dios que “crea en ellos”, sino conocer al Dios que reina, salva y cumple todo su propósito. Solo así el hombre ocupa su lugar correcto: dependiente y llamado al arrepentimiento y a la fe.
La Escritura es contundente:
“Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí; que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero.” (Isaías 46:9–10, RVR1960)
Cualquier mensaje que altere esta verdad, por emotivo que parezca, no edifica sobre el fundamento apostólico, sino sobre arena.
⚠️ Las llamadas agendas proféticas que se repiten cada inicio de año se parecen más a lecturas astrológicas que a revelación divina.
Casi siempre son las mismas, prometen “victoria, avance, cielos abiertos y prosperidad”, sin confrontar ni anunciar acontecimientos reales de impacto global.
Cuando algunos hablan de “catástrofes”, suelen recurrir a generalidades que cualquiera podría “predecir”… guerras en Medio Oriente, huracanes en Florida o terremotos en Chile (país que registra cientos de sismos cada año) eventos habituales que no requieren revelación alguna, sino simple observación histórica.
La Escritura advierte con severidad contra este tipo de discursos acomodados: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos” No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas… hablan visión de su propio corazón” (Jeremías 23:16).
La pandemia de 2020 es la gran evidencia histórica de este fracaso profético: nadie, ninguno, vio venir un evento de alcance global que paralizaría al planeta entero. Sin embargo, en enero de ese mismo año, desde innumerables congregaciones se proclamaba “año de victoria y avance”. Incluso figuras influyentes del mundo continuista como Guillermo Maldonado, anunciaron públicamente prosperidad y triunfo. Su fracaso fue total, lamentablemente todo se hicieron los de la vista gorda para proteger al que les habla bonito, aún sacrificando la verdad. 
La Biblia es clara y contundente: “Si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo… con presunción habló el tal profeta” (Deuteronomio 18:22).
Hoy, quienes anuncian un 2026 de victoria y avance son los mismos que no vieron venir 2020. El problema no es el error humano, sino la insistencia en hablar en nombre de Dios sin temor ni discernimiento. Jesús mismo advirtió: “Guardaos de los falsos profetas… por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:15-16).
“Mas ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en Él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:21–23).
La Escritura declara que incluso nuestras mejores obras son insuficientes delante de un Dios perfectamente santo (Isaías 64:6). Por diseño divino, Dios estableció un estándar de justicia que el hombre jamás podría alcanzar por sí mismo, para que toda boca se cierre y toda jactancia sea anulada (Romanos 3:19–20). La ley no fue dada para salvar, sino para revelar la gravedad del pecado y la imposibilidad de justificarnos por mérito propio.
Por eso, el único camino para todo pecador es confiar en que solo la cruz puede justificarnos. En la cruz, Dios proveyó una justicia ajena, perfecta y suficiente, imputada al creyente por la fe, no por obras (2 Corintios 5:21; Filipenses 3:9). Allí se satisface plenamente la justicia divina y se manifiesta la gracia soberana, de modo que la salvación sea enteramente obra de Dios y no del hombre (Efesios 2:8–9). Fuera de la cruz no hay esperanza; en ella, el pecador es declarado justo por Aquel que es justo y justificador (Romanos 3:26).
📕 «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio.» — Gálatas 5:22–23
Este llamado mover de la “risa santa” surge dentro de ciertos sectores del movimiento pentecostal tardío, cuando el gozo del Espíritu comenzó a confundirse con manifestaciones emocionales visibles. Lo que en un inicio se presentó como una reacción espontánea fue elevándose, con el tiempo, a señal de espiritualidad, desplazando el fruto interno por la experiencia externa. Sin embargo, la Escritura nunca define el gozo como pérdida de control, sino como una obra del Espíritu que convive con el dominio propio.
Luego, esta práctica se institucionaliza: se espera, se estimula y, en muchos casos, se presiona a las personas a manifestar algo que pruebe que “Dios se movió”. Así, la interpretación de la obra del Espíritu deja de basarse en la Palabra y pasa a depender del ambiente, la música, la sugestión colectiva o la autoridad del líder. Esto contradice el principio bíblico: «Dios no es Dios de confusión, sino de paz» (1 Co 14:33).
Finalmente, el abuso se consuma cuando la realidad espiritual se reinterpreta según factores externos, y no según la verdad revelada. El que ríe es “espiritual”; el que no, es acusado de resistir al Espíritu. De este modo, se invierte el criterio bíblico: el discernimiento es reemplazado por la emoción, y la verdad por la experiencia. Pero Jesús fue claro: «Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad» (Jn 17:17). El Espíritu Santo nunca contradice la Palabra que Él mismo inspiró.
«Y esta es la confianza que tenemos en Él: que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye.» 1 Jn 5:14
La oración pública no puede entenderse como una manifestación de poder humano que manipula o controla a Dios, porque eso invertiría el orden ontológico entre el Creador y la criatura. Dios no responde a técnicas, volúmenes de voz ni a intensidades emocionales; Él actúa conforme a su voluntad soberana, eterna y sabia. Pensar que la oración obliga a Dios es confundir súplica con dominio y adoración con espectáculo.
Orar públicamente es, ante todo, un reconocimiento humilde de dependencia. La criatura se presenta ante su Creador no para imponerle deseos, sino para confesar su límite, su necesidad y su confianza. En la oración se puede pedir y también agradecer, pero siempre desde la conciencia de que Dios no es un medio para alcanzar fines humanos, sino el fin mismo al que el hombre se dirige.
Finalmente, la oración auténtica conduce a la contemplación de la sabiduría divina. Dios puede responder de maneras que no coinciden con los deseos humanos, y precisamente allí se revela su gloria. La verdadera oración no busca que Dios se conforme al hombre, sino que el hombre sea conformado a la voluntad de Dios, descansando en que su sabiduría es mayor que cualquier expectativa humana.
Cuando alguien dice “no limites a Dios”, muchas veces no está defendiendo la grandeza divina, sino protegiendo su propia subjetividad frente a cualquier corrección.
Bajo esa consigna se intenta blindar experiencias, emociones o prácticas que no quieren ser examinadas a la luz de la Escritura, como si someterlas al juicio bíblico fuera “apagar al Espíritu”. Sin embargo, Dios no se contradice ni se revela en el desorden del delirio humano, sino conforme a su Palabra ya dada.
Por eso el apóstol exhorta: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Probarlo todo no es limitar a Dios, sino honrarlo, porque reconocer su soberanía implica aceptar que Él mismo ha puesto límites claros a la verdad y a la manera en que quiere ser conocido
📕 La Escritura muestra que Dios ejerce misericordia común aun sobre quienes no le buscan ni le honran, proveyendo vida, sanidad y sustento sin exigir fe previa ni ofrendas rituales.
Él no actúa movido por méritos humanos ni por mecanismos religiosos, sino conforme a su sabiduría soberana y a su gracia.
Por tanto, es absurdo pensar que sus hijos deban “activar” su favor mediante primicias, pactos económicos o supuestas coberturas espirituales inexistentes en la Biblia.
Si Dios obra libremente a favor de los incrédulos, cuánto más cuidará y sostendrá a los suyos cuando así lo disponga su voluntad perfecta, no por obligación, sino por amor paternal y fidelidad a su propio decreto.
“Porque Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos.” (Mateo 5:45)
📕 “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.” San Mateo 23:15 RVR1960
“Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” Gál. 1:8-9 RVR1960
Jonathan Murcia me acusa de que estoy atacando personas cuando en realidad estoy cuestionando un ismo* eso es una falacia, que consiste en transformar una crítica a una idea en un supuesto ataque personal.
Este tipo de distorsión no solo falsea mi intención, sino que también funciona como un ataque a mi reputación, porque me presenta como alguien agresivo o irrespetuoso hacia individuos, cuando los hechos muestran que mi análisis se centró exclusivamente en doctrinas y sistemas de pensamiento.
Afirmar lo contrario no es un error inocente: es una tergiversación que busca desacreditar mi postura mediante la manipulación del sentido original de mis palabras.
Juan Camilo Tovar
🇺🇸 🇻🇪 A lo largo de la historia bíblica, Dios ha demostrado su soberanía absoluta sobre los gobernantes y las naciones: humilló a reyes soberbios como Nabucodonosor para mostrar que “el Altísimo gobierna el reino de los hombres” (Dn 4:32), permitió el ascenso y la caída de imperios que parecían invencibles como Roma, simbolizada en la Escritura bajo la figura de “Babilonia” juzgada por Dios, para evidenciar que ningún poder terrenal es eterno (Ap 18:2), y dejó claro que el curso de la historia no está en manos de la tierra sino del cielo, pues “nuestra ciudadanía está en los cielos” (Fil 3:20).
Por eso, la esperanza del pueblo de Dios no descansa en sistemas políticos ni en líderes humanos, sino en los planes redentores del Señor, quien gobierna la historia con propósito y fidelidad para con los suyos (Jer 29:11).
Esta verdad se resume de manera contundente en la Escritura: “Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos” (Daniel 2:21, RVR1960).
1 day ago | [YT] | 583
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Juan Camilo Tovar
Por esta razón, la teología sólida debe confrontar el lenguaje motivacional vacío, no por falta de amor pastoral, sino por fidelidad a la verdad. El pueblo de Dios no necesita un Dios que “crea en ellos”, sino conocer al Dios que reina, salva y cumple todo su propósito. Solo así el hombre ocupa su lugar correcto: dependiente y llamado al arrepentimiento y a la fe.
La Escritura es contundente:
“Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí; que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero.”
(Isaías 46:9–10, RVR1960)
Cualquier mensaje que altere esta verdad, por emotivo que parezca, no edifica sobre el fundamento apostólico, sino sobre arena.
3 days ago | [YT] | 515
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Juan Camilo Tovar
⚠️ Las llamadas agendas proféticas que se repiten cada inicio de año se parecen más a lecturas astrológicas que a revelación divina.
Casi siempre son las mismas, prometen “victoria, avance, cielos abiertos y prosperidad”, sin confrontar ni anunciar acontecimientos reales de impacto global.
Cuando algunos hablan de “catástrofes”, suelen recurrir a generalidades que cualquiera podría “predecir”… guerras en Medio Oriente, huracanes en Florida o terremotos en Chile (país que registra cientos de sismos cada año) eventos habituales que no requieren revelación alguna, sino simple observación histórica.
La Escritura advierte con severidad contra este tipo de discursos acomodados: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos” No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas… hablan visión de su propio corazón” (Jeremías 23:16).
La pandemia de 2020 es la gran evidencia histórica de este fracaso profético: nadie, ninguno, vio venir un evento de alcance global que paralizaría al planeta entero. Sin embargo, en enero de ese mismo año, desde innumerables congregaciones se proclamaba “año de victoria y avance”. Incluso figuras influyentes del mundo continuista como Guillermo Maldonado, anunciaron públicamente prosperidad y triunfo. Su fracaso fue total, lamentablemente todo se hicieron los de la vista gorda para proteger al que les habla bonito, aún sacrificando la verdad. 
La Biblia es clara y contundente: “Si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo… con presunción habló el tal profeta” (Deuteronomio 18:22).
Hoy, quienes anuncian un 2026 de victoria y avance son los mismos que no vieron venir 2020. El problema no es el error humano, sino la insistencia en hablar en nombre de Dios sin temor ni discernimiento. Jesús mismo advirtió: “Guardaos de los falsos profetas… por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:15-16).
4 days ago | [YT] | 281
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Juan Camilo Tovar
“Mas ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en Él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:21–23).
La Escritura declara que incluso nuestras mejores obras son insuficientes delante de un Dios perfectamente santo (Isaías 64:6). Por diseño divino, Dios estableció un estándar de justicia que el hombre jamás podría alcanzar por sí mismo, para que toda boca se cierre y toda jactancia sea anulada (Romanos 3:19–20). La ley no fue dada para salvar, sino para revelar la gravedad del pecado y la imposibilidad de justificarnos por mérito propio.
Por eso, el único camino para todo pecador es confiar en que solo la cruz puede justificarnos. En la cruz, Dios proveyó una justicia ajena, perfecta y suficiente, imputada al creyente por la fe, no por obras (2 Corintios 5:21; Filipenses 3:9). Allí se satisface plenamente la justicia divina y se manifiesta la gracia soberana, de modo que la salvación sea enteramente obra de Dios y no del hombre (Efesios 2:8–9). Fuera de la cruz no hay esperanza; en ella, el pecador es declarado justo por Aquel que es justo y justificador (Romanos 3:26).
1 week ago | [YT] | 340
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Juan Camilo Tovar
📕 «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio.»
— Gálatas 5:22–23
Este llamado mover de la “risa santa” surge dentro de ciertos sectores del movimiento pentecostal tardío, cuando el gozo del Espíritu comenzó a confundirse con manifestaciones emocionales visibles. Lo que en un inicio se presentó como una reacción espontánea fue elevándose, con el tiempo, a señal de espiritualidad, desplazando el fruto interno por la experiencia externa. Sin embargo, la Escritura nunca define el gozo como pérdida de control, sino como una obra del Espíritu que convive con el dominio propio.
Luego, esta práctica se institucionaliza: se espera, se estimula y, en muchos casos, se presiona a las personas a manifestar algo que pruebe que “Dios se movió”. Así, la interpretación de la obra del Espíritu deja de basarse en la Palabra y pasa a depender del ambiente, la música, la sugestión colectiva o la autoridad del líder. Esto contradice el principio bíblico: «Dios no es Dios de confusión, sino de paz» (1 Co 14:33).
Finalmente, el abuso se consuma cuando la realidad espiritual se reinterpreta según factores externos, y no según la verdad revelada. El que ríe es “espiritual”; el que no, es acusado de resistir al Espíritu. De este modo, se invierte el criterio bíblico: el discernimiento es reemplazado por la emoción, y la verdad por la experiencia. Pero Jesús fue claro: «Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad» (Jn 17:17). El Espíritu Santo nunca contradice la Palabra que Él mismo inspiró.
1 week ago | [YT] | 259
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Juan Camilo Tovar
«Y esta es la confianza que tenemos en Él: que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye.» 1 Jn 5:14
La oración pública no puede entenderse como una manifestación de poder humano que manipula o controla a Dios, porque eso invertiría el orden ontológico entre el Creador y la criatura. Dios no responde a técnicas, volúmenes de voz ni a intensidades emocionales; Él actúa conforme a su voluntad soberana, eterna y sabia. Pensar que la oración obliga a Dios es confundir súplica con dominio y adoración con espectáculo.
Orar públicamente es, ante todo, un reconocimiento humilde de dependencia. La criatura se presenta ante su Creador no para imponerle deseos, sino para confesar su límite, su necesidad y su confianza. En la oración se puede pedir y también agradecer, pero siempre desde la conciencia de que Dios no es un medio para alcanzar fines humanos, sino el fin mismo al que el hombre se dirige.
Finalmente, la oración auténtica conduce a la contemplación de la sabiduría divina. Dios puede responder de maneras que no coinciden con los deseos humanos, y precisamente allí se revela su gloria. La verdadera oración no busca que Dios se conforme al hombre, sino que el hombre sea conformado a la voluntad de Dios, descansando en que su sabiduría es mayor que cualquier expectativa humana.
1 week ago | [YT] | 404
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Juan Camilo Tovar
Cuando alguien dice “no limites a Dios”, muchas veces no está defendiendo la grandeza divina, sino protegiendo su propia subjetividad frente a cualquier corrección.
Bajo esa consigna se intenta blindar experiencias, emociones o prácticas que no quieren ser examinadas a la luz de la Escritura, como si someterlas al juicio bíblico fuera “apagar al Espíritu”. Sin embargo, Dios no se contradice ni se revela en el desorden del delirio humano, sino conforme a su Palabra ya dada.
Por eso el apóstol exhorta: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Probarlo todo no es limitar a Dios, sino honrarlo, porque reconocer su soberanía implica aceptar que Él mismo ha puesto límites claros a la verdad y a la manera en que quiere ser conocido
3 weeks ago | [YT] | 422
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Juan Camilo Tovar
📕 La Escritura muestra que Dios ejerce misericordia común aun sobre quienes no le buscan ni le honran, proveyendo vida, sanidad y sustento sin exigir fe previa ni ofrendas rituales.
Él no actúa movido por méritos humanos ni por mecanismos religiosos, sino conforme a su sabiduría soberana y a su gracia.
Por tanto, es absurdo pensar que sus hijos deban “activar” su favor mediante primicias, pactos económicos o supuestas coberturas espirituales inexistentes en la Biblia.
Si Dios obra libremente a favor de los incrédulos, cuánto más cuidará y sostendrá a los suyos cuando así lo disponga su voluntad perfecta, no por obligación, sino por amor paternal y fidelidad a su propio decreto.
“Porque Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos.” (Mateo 5:45)
3 weeks ago | [YT] | 336
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Juan Camilo Tovar
📕 “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.” San Mateo 23:15 RVR1960
“Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” Gál. 1:8-9 RVR1960
3 weeks ago | [YT] | 296
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Juan Camilo Tovar
Jonathan Murcia me acusa de que estoy atacando personas cuando en realidad estoy cuestionando un ismo* eso es una falacia, que consiste en transformar una crítica a una idea en un supuesto ataque personal.
Este tipo de distorsión no solo falsea mi intención, sino que también funciona como un ataque a mi reputación, porque me presenta como alguien agresivo o irrespetuoso hacia individuos, cuando los hechos muestran que mi análisis se centró exclusivamente en doctrinas y sistemas de pensamiento.
Afirmar lo contrario no es un error inocente: es una tergiversación que busca desacreditar mi postura mediante la manipulación del sentido original de mis palabras.
4 weeks ago | [YT] | 204
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