La Palabra de Dios, es viva y eficaz (Hebreos 4:12), y es la única guía que tenemos para conocer a Dios. Jesucristo está presente en su Palabra, acerquémonos a él confiadamente, sintamos la gracia de su amor y #misericordia. Conozcamos y preparemos las #lecturasdelaSantaEucaristía para #cadadía.
Demos gracias a Dios por su infinito amor. Ayúdemos a expandir y dar a conocer la voz de Dios en las Sagradas Escrituras. Unidos en Oración para que todos seamos una familia para gloria de Dios. Este canal nunca ha estado monetizado.(No existe ningún interés económico). #Diosnosbendigaatodos.
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#Oremoshermanos con la palabra de Dios, #Sábado 17/01/2026
En el pasaje de hoy se entiende la fe como seguimiento de Cristo. Se cuenta que Jesús "al pasar vio a Leví, el hijo de Alfeo, que estaba sentado en su oficina de impuestos, y le dijo: "Sígueme". Él se levantó y le siguió" (v. 14). Leví se encuentra con Jesús y se hace cristiano en pleno ejercicio de su profesión "mundana". En todas las profesiones se puede "seguir" a Jesús, hacer lo que él hace. No pensaban así los fariseos, que reprocharon a Jesús que comiera "con publicanos y pecadores" (v. 16). Para los fariseos, ciertas profesiones eran incompatibles con la religiosidad judía, porque impedían observar el sábado y otras leyes.
Para Jesús, en cambio, no hay profesiones que excluyan del discipulado cristiano. Lo que impide ser discípulo de Cristo es creerse "justo" y "sano", esto es, no sentirse necesitado de salvación. "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores" (v. 17). La cura que les aplica es estar con ellos, no excluirlos, no condenarlos, no juzgarlos. Ésa es la cura del mal interior del hombre. Esta paciencia, esta misericordia, esta longanimidad, es lo que constituye su cura. Es hermoso contemplar esta imagen de Jesús como médico; su terapia puede durar toda una vida, es decir, no puede ser excluida nunca, porque la terapia es su presencia, su estar con nosotros. El Señor parece querer decirnos que la conversión más difícil es la del justo o la de los que se consideran como tales.
La Palabra del Señor actúa de manera eficaz. Penetra en nuestro corazón, lo pone al desnudo, lo juzga. Esta Palabra corresponde, sin embargo, al Hijo, que es capaz de compadecerse de nuestras debilidades y quiere presentarse como nuestro intercesor.
La eficacia y la misericordia aparecen en el obrar de Dios en la vida de Saúl. El texto pone de relieve el proyecto gratuito de Dios, que precede a toda iniciativa por parte de Saúl. Pone de manifiesto cómo se despliega su acción utilizando situaciones normales, casi triviales, en la vida de las personas. Saúl no recibe un cargo honorífico, sino la habilitación para un servicio. La gracia sólo nos hace sentir su acción en nosotros cuando nos habilita en concreto para algún ministerio. Todo tiene lugar en lo escondido, sin clamor alguno. La eficacia de la Palabra no tiene nada que ver con el clamor mundano. Esto mismo aparece con más fuerza aún en el episodio narrado por el evangelio. La llamada de Leví anuncia la fuerza de la Palabra. También en este caso se despliega la total gratuidad del amor divino que llama: no hay ningún mérito, ninguna preparación por parte del elegido.
También él se encuentra inmerso en el laborío de la vida, un laborío marcado, además, por la negatividad. Esta vez, no obstante, el signo de la misericordia suscita clamor. Este tipo de fama no ayuda al Señor, que debe dar cuentas de su misericordia.
Ruego por vosotros, noche y día, a mi Dios que os conceda los mismos dones que me ha concedido a mí por su gracia, no porque yo fuera digno de ellos [...]: el gran Espíritu de fuego que yo mismo he recibido. !Recibidlo, pues, también vosotros!
Y si queréis obtener que more en vosotros, presentad antes las fatigas del cuerpo y la humildad del corazón, elevando noche y día vuestros pensamientos al cielo.
Pedid con corazón sincero este Espíritu de fuego, y os será dado [...]; cuando lo hayáis recibido, os revelará todos los misterios más altos [...]. Os ruego que abandonéis vuestra voluntad carnal y mantengáis la serenidad en cada cosa, a fin de que, con el apoyo del Espíritu Santo, moren en vosotros las potencias celestes y os ayuden a cumplir la voluntad de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, a quien sea la alabanza eterna por los siglos de los siglos. Amén (Antonio Abad, Carta 8,1.3, passim).
"Comenzando de nuevo cada día, aumentemos nuestro celo" (Atanasio, Vita Antonii, 16).
#VenEspírituSanto
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#Oremoshermanos con la palabra de Dios, #Viernes 16/01/2026
Con el fragmento evangélico de hoy comienzan una serie de controversias sobre la Ley (2,1-3,6). Éstas conducen a Jesús, desde el principio de su actividad, al choque con el poder religioso y civil. En el presente fragmento aparece la narración de un milagro. El punto focal se encuentra en el v. 10, en donde se declara el núcleo de la controversia y, junto con él, el objetivo del milagro: "Pues vais a ver que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados". El milagro mismo no es más que la demostración de este poder de reconciliación con Dios que reivindica Jesús. La atención se traslada de un mal físico a un mal más profundo, el pecado, que mantiene al hombre "paralizado" en sí mismo y en unas formas rígidas, incapaz de "caminar" y de avanzar según el plan de Dios.
El significado quebrantador de tal afirmación es captado de inmediato por los maestros de la Ley; sin embargo, éstos no están dispuestos a aceptar la "blasfemia" que supone que este hombre pueda perdonar los pecados, porque "quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?" (v. 7). Pero Jesús responde aumentando la dosis sin equívocos: "Pues vais a ver que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados. Entonces se volvió hacia el paralítico y le dijo: "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa"" (w. 10-11). El milagro es, por consiguiente, signo de su poder de reconciliación con Dios, y eso implica la superación de la ley que separa al hombre de Dios. Este poder, reservado sólo a Dios, se le entrega ahora al hombre en el Hijo del hombre, Jesús. Ésa es la blasfemia del Evangelio que será motivo de la condena de Jesús. Quien acoge, es decir, quien tiene fe en esta "blasfemia", puede levantarse, como el paralítico, y ponerse a caminar. La muchedumbre que ha estado presente, y que ha entrevisto algo del misterio de Jesús, expresa su propia admiración y prorrumpe en una exclamación que es una profundísima entrada en la fe: "Nunca hemos visto cosa igual" (v. 12).
Dios se adecúa a menudo a la inmadurez del hombre y lo acompaña a través de sus circunlocuciones desviadas. El Señor no comunica de inmediato su voluntad de manera radical y plena, porque no somos capaces de recibirla. La elección que está llevando a cabo Israel, la de querer un rey, es una de esas circunlocuciones. El pueblo deberá esperar el fracaso de su iniciativa para darse cuenta de que el único verdadero rey es el Señor. Sólo entonces encontrará reposo. Entre tanto, Dios mismo tiene paciencia y acompaña al pueblo para que la complicación que ellos mismos se han buscado no les resulte fatal. No son, en efecto, las estructuras jerárquicas ni los expedientes los que salvan, sino YHWH, única fuente de vida para el pueblo elegido: él le propone incesantemente su voluntad por medio de los profetas, y llama a todos para que vuelvan a poner en él toda la confianza a través de una relación personal y vital.
A esta misma relación de confianza plena, cuyos confines son rebasados cada vez por la Palabra eficaz de Jesús, nos llama el Evangelio: perdonar los pecados va más allá del simple gesto "mecánico" y "utilitarista" de la curación. El Nazareno, con su atrevida afirmación, pide a los maestros de la Ley que superen la imagen de Dios que se han creado ("Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?": v. 7), para poder recibir el anuncio de la fuerza liberadora del Reino. También a nosotros se nos pide hoy que no nos dejemos condicionar por la rigidez de las estructuras mentales y de las instituciones humanas, y que seamos capaces de darnos cuenta con ojo avizor- de la presencia activa de un Dios que, con gestos gratuitos e inesperados, se hace encontrar en nuestros límites.
Concédenos, Padre, una fe capaz de abrir los techos, una fe capaz de deslizar nuestras camillas -ésas en las que yacemos con el corazón encogido-, para deslizarnos dentro, en lo vivo de la vida, en el corazón de la historia; para que nos encontremos frente a Jesús. Una vez perdonados por él, curados por él -de las mil pretensiones sobre la vida y sobre la historia-, podremos volver a nuestra casa y con nuestros seres queridos, ya sanos y agradecidos. Como quienes saben que todo lo reciben como don: el ser en el mundo, el ser guiados tras los acontecimientos del mundo.
Levantaron la techumbre y descolgaron la camilla en la que yacía el paralítico" (Mc 2,4).
#VenEspírituSanto
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#Oremoshermanos con la palabra de Dios, #Jueves 15/01/2026
Con este nuevo milagro hace estallar Jesús una auténtica revolución: no se aleja del leproso, como quería la Ley; no rechaza el contacto con él, no teme ninguna amenaza. Su propuesta no consiste ya en separarse del inmundo, sino en la transformación por contagio vital que va del puro al inmundo. Jesús encarna al hombre puro y sagrado que "contagia" y atrae a su propia esfera al hombre inmundo y no sagrado. El leproso "se le acercó" (v. 40): no se trata sólo de un movimiento espacial, sino también de un movimiento del espíritu, porque le dice a Jesús: "Si quieres, puedes limpiarme" (v. 40). Con la venida de Jesús cayó el muro de la Ley (cf. Ef 2,14ss), porque Dios, el Santo, el Justo, se hizo en todo solidario con nosotros, enseńándonos el acceso a él. El gesto de extender la mano indica el poder de Jesús, que se manifiesta también por medio de su Palabra imperiosa: "Quiero, queda limpio" (v. 41). La salvación no está ya en la separación y en la marginación, sino en la reintegración, porque con Jesús ha entrado en el mundo el poder salvífico mismo de Dios. En el acontecimiento histórico de Jesús se ha hecho "visible" el poder sanador de Dios, que se pone de parte de los pobres, de los últimos de la sociedad de los hombres. Jesús inaugura una sociedad nueva, una sociedad que no margina a nadie, que no separa, que no excluye, sino que es consciente de poseer el poder mismo de Dios que le ha sido dado por Jesús. Precisamente porque Jesús ha abolido el sistema que separaba lo puro de lo inmundo tal como se entendía en el mundo judío, queda libre el cristiano para Dios y para el prójimo.
Hoy se nos vuelve a proponer la cuestión decisiva para la vida de la fe: "!Escuchad al Señor!". La Carta a los Hebreos la plantea como actitud válida para cada día. Decía un antiguo eremita: "Una voz invoca desde el fondo de tu corazón: !Conviértete hoy!". Allí donde no permanece con suficiente vigor este propósito, se abre camino el riesgo del endurecimiento del corazón. En efecto, la escucha obediente o el rechazo desobediente no es una simple cuestión de audición física, ni siquiera una cuestión de buena voluntad. El creyente debe desarrollar una "sensibilidad" propia al respecto. Sólo con un empeńo permanente se adquiere la sensibilidad suficiente para percibir la voz del Señor o para advertir sus inspiraciones.De rebote, se corre el peligro atestiguado por el pueblo de Israel, tal como aparece en la lectura de hoy.
Éste intenta construir una relación religiosa con Dios totalmente aparente, porque, a pesar de todo el aparato cultual desplegado y a pesar de las intenciones declaradas, no tiene ninguna seria intención de someterse a la decisión de Dios ni de respetar su voluntad, tal como se encuentra expresada en sus mandamientos. Los textos bíblicos nos recuerdan así una verdad que es bastante obvia: el primer paso hacia una relación auténtica con Dios consiste en la recuperación de una honestidad que aborrece toda ficción.
El Señor, por su parte, se compromete a destruir, aun aceptando el riesgo de desfigurar y de provocar una crisis de fe en los hombres, todo aparato religioso que no parta de él y sea expresión de su auténtica voluntad. A veces, el desacralizador más radical es el mismo Señor. Frente a su santidad no resiste ninguna ambigüedad. Antes o después, queda el hombre al desnudo y debe elegir con autenticidad (o bien rechazar sin fingir).
Concédeme, Señor Jesús, entrar contigo en la voluntad del Padre: que yo quiera lo que quiere él, que yo crea que él quiere siempre la salvación.
Concédeme, con la fuerza del Espíritu, desear y pedir la verdadera curación y vivir tu amor y misericordia cuando me dices.
Quiero, queda limpio" (Mc 1,41).
#VenEspírituSanto
#VamosaOrarlealSeñor
EVANGELIO Y LECTURAS EUCARISTÍA JUEVES 15 DE ENERO DE 2026 JUEVES PRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A.
#PrimeraLectura: Del primer libro de Samuel 1Sm 4,1-11
Palabra de Dios. Te alabamos Señor
Oremos con los salmos
#Salmo43,10-11.14-15.24-25 R/. Redímenos, Señor, por tu misericordia.
Evangelio de hoy.
Evangelio del día.
#Evangelio según san Marcos 1,40-45
Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús.
Evangelio del dia
Evangelio de Hoy
Evangelio de Vida
Evangelio de Amor
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El Evangelio transforma nuestra Vida
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#Oremoshermanos con la palabra de Dios, #Miércoles14/01/2026
Con este fragmento concluye Marcos la primera jornada mesiánica de Jesús. Ésta representa un poco la actividad de la jornada típica seguida por sus discípulos y por los que leen el evangelio con tal sorpresa y admiración que les hace preguntarse: "Quién es éste?" (Mc 1,27). El primer milagro que el evangelio nos ofrece parece de tan poca monta que corre el riesgo de pasar desapercibido: el milagro sigue siendo un signo que remite a otra cosa; así, la simple curación de una fiebre, que ciertamente no llama la atención, lleva en sí un significado fundamental.
La suegra de Pedro vuelve a estar en condiciones de "servir". Este "servir", con el que se cierra este primer milagro, encierra el programa mesiánico de Jesús, que está entre nosotros "como el que sirve" (Lc 22, 27). Esa es la característica fundamental dejada por Jesús en herencia a sus discípulos antes de morir; en este sentido, la suegra de Pedro se convierte en el prototipo del creyente liberado que puede ofrecer su servicio a los hermanos.
Igualmente significativa es la salida nocturna de Jesús a orar en un lugar desierto, colocada al término de una dura jornada de evangelización. Podemos considerar esta oración de Jesús como su éxodo de la fatiga cotidiana para encontrarse con el Padre. Y gracias a esta oración podrá responder a Pedro: "Vamos a otra parte", superando la fácil tentación que supone un fácil mesianismo ligado al "todos te buscan". Toda la población está agolpada en la plaza, todos le buscan, pero Jesús no vuelve atrás y se va a "otra parte", para que llegue allí también su salvación.
Las lecturas de hoy ponen de relieve, en diferentes planos, el papel principal que debe ejercer Dios en la vida de todo creyente. Jesús, ante las invitaciones de la gente de su medio, elige dar prioridad a la misión recibida del Padre; y Samuel, con la disponibilidad conquistada tras cierto trabajo, se vuelve disponible para seguir la voluntad de Dios en su vida. En todo caso, la propensión a abrirnos a la voluntad de Dios y, a continuación, la actuación práctica de éste suscitan al mismo tiempo la adquisición de dos estados de ánimo diferentes y complementarios entre sí. Ser elegidos por Dios como colaboradores suyos suscita un sentimiento de alegría desconcertante, de maravilla inesperada y de reverente aprensión.
Afirmar, como María, "hágase en mí según tu Palabra " no significa aprender a resignarse, sino que implica, en primer lugar, abrirse, con una admiración empapada de alegría, a un proyecto seductor. Pero, la correspondencia a tanto don exige atravesar y superar las pruebas. Esto no implica siempre la necesidad de asumir un compromiso doloroso (aunque sea necesaria la disponibilidad para el mismo), pero sí requiere, en todo caso, la capacidad de discernimiento.
No respondemos a Dios con la verdad si la obediencia vivida no nos habilita para adquirir cierta sintonía con él, de modo que advirtamos intuitivamente, mediante un sexto sentido espiritual, lo que se nos pide de vez en cuando. Una condición ulterior para esta correspondencia natural cotidiana es la oración prolongada y perseverante, ésa de la que nos da testimonio Jesús, dispuesto a buscar a su Dios hasta la llegada de la aurora.
Qué soy yo para ti, Señor? Por qué deseas ser amado por mí hasta el punto de que te inquietas si no lo hago? !Como si no fuera ya una gran desventura no amarte...! Dime, te lo ruego, Señor, Dios misericordioso, qué eres tú para mí? Dilo, que yo lo oiga. Los oídos de mi corazón, Señor, están ante ti; ábrelos y dile a mi alma: "Yo soy tu salvación". Perseguiré esta voz y así te alcanzaré (Agustín de Hipona).
"!Habla, Señor!" (cf. 1 Sm 3,9-10).
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EVANGELIO Y LECTURAS EUCARISTÍA MIÉRCOLES 14 DE ENERO DE 2026 MIÉRCOLES PRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A.
#PrimeraLectura: Del primer libro de Samuel 1Sm 3,1-10.19-20
Palabra de Dios. Te alabamos Señor
Oremos con los salmos
#Salmo39,2.5.7-8a.8b-9.10 R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
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#Evangelio según san Marcos 1,29-39
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#Oremoshermanos con la palabra de Dios, #Martes13/01/2026
En este fragmento de Marcos encontramos dos temas entrelazados: la enseńanza de Jesús, repleta de autoridad, y su poder de expulsar a los demonios. El evangelista quiere mostrar, en primer lugar, que la enseńanza de Jesús posee una eficacia extraordinaria.
Su autoridad consiste en realizar lo que dice, en hacerse obedecer y liberar del mal. Jesús no enseńa como los maestros de la Ley, sino como alguien que está investido del Espíritu Santo (Mc 1,9-11). Marcos se complace en poner el acento en la figura de Jesús como Maestro: ya desde el comienzo de su evangelio, en nuestro fragmento, aparece Jesús como alguien que enseńa. La Palabra de Jesús nos pone frente a frente con el poder mismo de Dios. Tiene lugar, a continuación, el choque con el "espíritu inmundo". En el grito del hombre poseído resuena la cita de una frase de la Escritura: "Qué tienes contra mí, hombre de Dios? Has venido...?" (1 Re 17,18). Esta frase del libro de los Reyes está dirigida al profeta Elias por una mujer cuyo hijo se encuentra enfermo de gravedad y al que cura el profeta.
Cambiando "hombre de Dios" por "Jesús de Nazaret", nos presenta Marcos a Jesús como el verdadero profeta que cura. Jesús es el Santo de Dios, sus palabras están dotadas del poder divino. La Palabra de Jesús es una palabra que renueva, transforma y rehace al hombre.
Jesús experimentó la muerte "por la gracia de Dios". Eso nos dice de modo paradójico el autor de la Carta a los Hebreos. Por nuestra parte, no nos sentimos inclinados a unir la gracia con el sufrimiento. Solemos considerar como una gracia que se nos dispense del mismo, mientras que interpretamos el dolor como un signo de la privación de la gracia. Ahora bien, dado que esta última es, más que un don, Dios mismo que se acerca a nosotros con benevolencia, interpretamos la presunta falta de gracia como ausencia o muerte de Dios. Sin embargo, el caso de Ana parece confirmar esta convicción: esta mujer advierte como un don de Dios la liberación de la aflicción de su esterilidad.
También el hombre que es liberado de la esclavitud del diablo en el evangelio recibe la curación y el don de una vida serena. Todo esto nos recuerda que el fin último del proyecto de Dios consiste en liberar al hombre de todo mal. La nueva creación, llevada a cabo por Dios mismo, no prevé la presencia del dolor. Sin embargo, en la situación presente, dado que el hombre no se encuentra aún en la realidad ideal del mundo futuro, sino que debe participar en la dramática lucha contra el mal, y no algunas veces o en ciertas circunstancias excepcionales, sino como una situación ordinaria, el amor que se asigna a Dios como puro don gratuito no sólo soporta, no sólo acepta, sino que desea la travesía del desierto del dolor. Esto no vale para esbozar los rasgos de una filosofía universal del dolor (cf. Heb 2,9).
Vale para comprender la calidad del amor de Cristo por los hombres y, por consiguiente, el amor de Dios. No presenta argumentos indiscutibles para la "defensa de Dios", pero puede poner en marcha al creyente para revivir la misma gracia. Bastará con esta convicción para crear la resignación o el consuelo? En el fondo, el elemento decisivo no consiste en este buen resultado de carácter psicológico. A quien ama le basta con saber amar y con saber que Dios puede apreciar como acontecimiento providencial precisamente la "estupidez" de mi incomprensible sufrimiento.
Oh Dios, te invoco a la puesta del sol: ayúdame a orar y a concentrar en ti mis pensamientos, porque por mí mismo no sé hacerlo. Hay oscuridad dentro de mí, pero junto a ti está la luz; estoy solo, pero sé que tú no me abandonas; estoy asustado, pero junto a ti está la ayuda; estoy inquieto, pero junto a ti está la paz; en mí está la amargura, pero junto a ti está la paciencia; no comprendo tus caminos, pero tú conoces el mío (D. Bonhoeffer).
: "Ana se presentó al Seńor y elevó a él su oración" (cf. 1 Sm 1,9ss).
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EVANGELIO Y LECTURAS EUCARISTÍA #MARTES13 DE ENERO DE 2026 MARTES PRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A.
#PrimeraLectura: Del primer libro de Samuel 1Sm 1,9-20
Palabra de Dios, Te alabamos Señor.
#Interleccional: 1Samuel 1S 2,1.4-5.6-7.8abcd R/. Mi corazón se regocija en el Señor, mi salvador.
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#Oremoshermanos con la palabra de Dios, #Lunes
12/01/2026
Estos versículos muestran de manera concreta lo que significa la llamada de Jesús: "Creed en el Evangelio" (v. 15). Muestran la actitud nueva y radical del cristiano.
Las dos escenas de vocación están estructuradas del mismo modo. Señalemos el dinamismo de la llamada: el Jesús que llama está siempre en movimiento. Se trata, en efecto, de la llamada a un nuevo éxodo, hacia el camino inaudito y nuevo del Evangelio: "Venid detrás de mí" (v. 17). "Ellos dejaron inmediatamente las redes y le siguieron." Todo este dinamismo se desprende de la mirada y de la llamada de Jesús. No se trata de una iniciativa que parte del hombre, no se trata de un camino del hombre, sino del camino de Dios entre los hombres. La confianza y la entrega a la persona de Jesús hacen posible el seguimiento. Está claro que ir con Jesús es una perspectiva que reclama las opciones indicadas aquí de modo vago con el verbo "dejar": se trata de un dejar con la mirada puesta en una realización; de un dejar que no empobrece. Es posible dejar? Sí, porque él nos precede con una mirada penetrante que realiza y devana una identidad: es la mirada con la que Jesús nos invita, creando una relación personal con cada uno. El Jesús que pasa y ve, dice una palabra en este momento presente, pero es una palabra cargada con una promesa futura, que se convierte en la estructura de todo abandono y de todo seguimiento. Jesús va al encuentro del hombre en su vida cotidiana para cambiar su destino. Jesús proyecta, mediante su ver y su fijarse, una especie de energía.
Se trata de una mirada que elige, que transmite una fuerza, que revela una identidad y la hace posible. Jesús no ve a pescadores, sino a personas que tienen un nombre y desarrollan una profesión; una mirada que los hace despegar de las arenas movedizas en las que habían caído.
Ana conoce por propia experiencia la dureza de las relaciones humanas. Es una persona que, como otras muchas, junto al dolor agudo de la propia pobreza personal, debe experimentar la aflicción de la humillación que le infligen los otros. Y a esto le añade aún una nota ulterior de tristeza el hecho de que todo esto lo produzca una persona implicada en la práctica religiosa.
Esto mismo puede pasar también en nuestros días. A las normas cultuales, observadas de modo sereno, no les acompaña una obligada atención para instaurar relaciones marcadas por la fraternidad. El culto a Dios no prosigue, tras la obligada preocupación por nosotros mismos, en la escrupulosa atención a las pasiones que se agitan en nosotros y pueden causar heridas a nuestro hermano, sino que se eclipsa con la explosión de sentimientos espontáneos que son vividos hasta alcanzar una brutalidad lacerante.
Particularmente preciosa se presenta la actitud benévola de Elcaná, que pone todo su empeño en consolar y pacificar a la mujer amada. Se muestra como un hombre que, al encontrar en el templo la misericordia y la ternura de Dios, es capaz de reproducirla en el ámbito familiar. El tiempo nuevo que se está gestando, inaugurado por el Señor, tiene como característica dominante la creación de nuevas relaciones marcadas por la misericordia.
Por otra parte, por haberla manifestado de una manera radical en su existencia terrena, el Verbo que nos habló ha sido definido como "irradiación de la gloria de Dios e impronta de su sustancia".
Te invoco, Señor de mi vida; a ti dirijo mis deseos y mis palabras. Haz que yo escuche tu voz. Ella me llama, desde el mar en que nos debatimos para no ahogarnos, a ti, orilla por la que suspiramos. Que tu Palabra nos encuentre dispuestos a dejar y cortar las redes de las que tú nos liberas, redes que nos mantienen atados a lo que está destinado a morir.
Haz que nuestra mirada pueda reconocerte en los acontecimientos cotidianos, que nuestro corazón vuelva a pensar en ti y que encuentren paz los pensamientos.
Que nuestro afecto permanezca estrechamente ligado a ti y florezcan la amistad y la fraternidad en nuestra tierra.
Que la justicia, la paz y la alegría vuelvan a reinar entre los hombres.
"Está llegando el Reino de Dios" (Mc 1,15).
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#Oremoshermanos con la #PalabradeDios #Domingo 11/01/2026
Fiesta #BautismodelSeñor
El pasaje narra el bautismo de Jesús en el Jordán por obra del Bautista. Tal gesto ritual de penitencia para la remisión de los pecados suscitó una vivaz polémica entre los primeros cristianos, que pensaban que Jesús no tenía necesidad de semejante bautismo y además podía parecer que Juan Bautista fuese superior a Jesús. Pero el plan de Dios preveía también esto, y Jesús, Hijo obediente, se somete dócilmente a la voluntad del Padre, haciéndose solidario con los hombres y cargando con sus pecados (v. 15; cf. Mt 26,42; Jn 1,29; 2 Cor 5,21).
Al mismo tiempo, en el gesto de recibir el bautismo, Cristo se revela "Siervo" manso y humilde, que se entrega en adhesión total a la condición de debilidad humana, sin reservas ni privilegios de clase (cf. Is 42,1-3). La teofanía del bautismo, además, evidencia algunos rasgos característicos de la misión de Jesús: la participación celeste en el mundo humano, la bajada del Espíritu sobre Jesús en forma de "paloma" y la proclamación del Padre, que se complace en el Hijo y lo inviste como Mesías (w. 16-17). La imagen de la paloma, símbolo de Israel, se convierte también en símbolo de la generación del nuevo pueblo de Dios, al que Jesús da comienzo y que constituye el fruto maduro de la venida del Espíritu a los hombres. Con Jesús se inicia la época de la purificación, del verdadero conocimiento de Dios por el Espíritu Santo, de la definitiva unión entre Dios y el hombre.
Cuál es la diferencia entre el bautismo de Jesús y nuestro bautismo? El bautismo recibido por Jesús en el Jordán es un rito de penitencia para la remisión de los pecados y, en cuanto tal, Jesús no tenía propiamente necesidad de él. La manifestación del Padre con la bajada del Espíritu Santo, durante la cual es proclamado "Hijo predilecto" (cf. Mt 3,27) y es investido de la misión profética, real y sacerdotal, es la que lo lleva a tomar sobre sí nuestros pecados y los del mundo entero. Es el inicio del bautismo de la Iglesia, del nuevo pueblo de Dios que, con Jesús, sale del agua, sale de la esclavitud del pecado para entrar en la libertad de la vida del Espíritu.
Por su parte el bautismo que nosotros hemos recibido de niños en el nombre de Cristo es la revelación en nosotros del amor de la Trinidad, es el éxodo del pecado a la nueva vida divina, es entrar a formar parte de la comunidad de la Iglesia, cuerpo de Cristo, y así convertirnos en hijos de Dios a todos los efectos.
Todo bautizado es el hijo esperado sobre el que se posa el Espíritu del Señor. Y así nosotros creyentes somos llamados, como la primera comunidad cristiana, a dar testimonio del camino recorrido por Jesús, que es el único que salva al hombre y lo conduce a la comunión con Dios. Se trata de vivir un nuevo estilo de vida, que es identificación con una vida en Cristo y en el Espíritu, a la que se accede en la fe, que se experimenta en el amor y llena de esperanza, se hace visible en la cotidianidad de la vida eclesial. Por tanto, una vida de auténtica conversión a Dios y a los hermanos, que nos lleva a vivir una existencia guiada por el Espíritu Santo.
Señor y Padre nuestro, te damos gracias por el bautismo de Jesús, que nos ha manifestado la plenitud del Espíritu sobre él. Es durante la teofanía que tuvo lugar en el bautismo donde fue reconocido como Mesías. Según una tradición rabínica, el Mesías debía permanecer desconocido hasta que lo revelase un hecho extraordinario operado por ti (cf. Mt 24,23-27). Este hecho extraordinario ha sido la obra del bautista. Así él ha podido manifestar que Jesús es aquel que posee el Espíritu y puede hacer este don, prometido para la era mesiánica, a todos los hombres.
Espíritu Santo, te damos gracias porque has consagrado a Jesús profeta y Mesías y te has manifestado en él con plenitud, para que él pudiera derramar tus dones sobre nosotros. Te pedimos nos hagas redescubrir el significado de nuestro bautismo como don tuyo y del amor del Padre, para responder con coherencia de vida a los compromisos que hemos asumido el día de nuestro renacer como hijos de Dios. Haznos capaces de ser auténticos testimonios tuyos, sin manipulaciones y sin compromisos de ningún género, para anunciar en nuestro mundo la liberación, la justicia y la salvación que tú nos has dado a manos llenas. Haz que tu Iglesia sea en el mundo signo de tu presencia, y forme una verdadera familia de hermanos, unidos en la fe y la caridad evangélicas, con una vida dedicada a tu servicio y al de los más pobres y necesitados.
Éste es mi Hijo amado, mi predilecto, en el que me complazco" (Mt 3,17).
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EVANGELIO Y LECTURAS EUCARISTÍA DOMINGO 11 DE ENERO DE 2026, FIESTA DEL #BAUTISMODELSEÑOR, ÚLTIMO DÍA DEL TIEMPO DE NAVIDAD CICLO A. Primera Lectura: Del libro del profeta Isaías 42,1-4.6-7 SALMO 28,1a y 2. 3ac-4. 3b y 9b-10 R/.El Señor bendice a su pueblo con la paz. Segunda Lectura: Del libro de los Hechos de los Apóstoles 10, 34-38 Evangelio según San Mateo 3, 13-17
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#Oremoshermanos con la #PalabradeDios #Sábado 10/01/2026
Día 6 después de la Epifanía del Señor
Sabemos que nos oye en cuanto le pedimos.
La importancia de la oración no se discute. Otra cosas es la forma de la oración y el contenido de la misma.
En cuanto la forma, lo más frecuente, es reducir la oración a un encadenamiento de textos más o menos ritualizados, llenos de superlativos que tratan de convencer a Dios, en ocasiones con chantajes, para que nos conceda lo que pedimos. Sea cual sea nuestro deseo, exigimos que se nos conceda.
Pero hay otra forma de oración: mantener una conversación confiada y amistosa con Dios en la que no es necesario pedir nada pues Él ya sabe cuáles son nuestras necesidades. Es la conversación mantenida con el amigo que llega siempre a buen puerto.
Sabemos que somos de Dios, nos dice San Juan, y si somos de Él estamos libres del pecado que mata y, ciertamente, a través de Cristo y su resurrección, hemos comprado nuestra propia vida eterna.
Nadie puedo tomar algo para sí, si no le es dado desde el cielo.
El fragmento de Juan que hoy leemos nos sitúa a Juan y a Jesús, bautizando en lugares próximos.
Como era de esperar, algunos discípulos terminan por acercarse a Juan y, podríamos decir, quejarse porque Jesús estaba ejerciendo una competencia fuerte y todos los discípulos se iban con él. Tal vez esperaban una reacción airada del Bautista pero recibieron otra muestra de la grandeza de aquel hombre, calificado por Jesús como el más grande nacido de mujer.
Juan había dicho en múltiples ocasiones que él no era el Mesías, que no era digno de desatar sus sandalias.
Hoy nos dice, entre otras, dos cosas importantes: nadie puede tomar nada si le es dado desde el cielo. Juan reconoce y anuncia a los discípulos que el poder de Jesús viene de arriba; no es suyo, nada le roba. La segunda es el sacrificio de la propia importancia en beneficio de otro. “Es preciso que yo mengue y que él crezca”. El reconocimiento de la propia misión –precursor—y la subordinación de la misma a la superior misión del Mesías. Juan se reconoce hijo de la tierra que habla de la tierra y reconoce también a Jesús como hijo del cielo, conocedor de lo que hay en el cielo, pero que tendrá problemas para que crean su testimonio.
¿Qué puede significar para mí, qué me dice, este tercer testimonio de Juan?, ¿Cuál es mi actitud?
Es posible que me falte la grandeza de Juan y me crea tan importante que me permita hablar en nombre de Dios, pero aplicando mis ideas, mis sentimientos, mis propias palabras, y me falte la humildad suficiente para comprender que mis palabras deben ser simplemente vicarias de la Palabra. Es necesario que yo calle, para que se pueda escuchar la voz del Espíritu.
Cuanto más humilde sea, podré ser tu discípulo y misionero, invitando, con mi testimonio de vida, a otros a seguirte. Gracias porque es en la oración y en la Eucaristía como voy formando mi corazón de apóstol.
#VenEspírituSanto
EVANGELIO Y LECTURAS EUCARISTÍA AMÉRICA 10 DE ENERO DE 2026 SEXTO DÍA DESPUÉS DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR, TIEMPO DE NAVIDAD. Primera Lectura: De la primera carta del apóstol san Juan 1Jn 5,14-21 Salmo 149 R/. El Señor ama a su pueblo. Evangelio según san Juan 3,22-30
1 week ago | [YT] | 8
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#Oremoshermanos con la #PalabradeDios #Viernes 09/01/2026
Día 5 después de la Epifanía del Señor
El que tiene al Hijo, tiene la vida
Es nuestra señal de victoria. La fe en la filiación divina de Cristo, el convencimiento de que Cristo es la verdad de Dios que se muestra al hombre, mejor aún: a toda la creación, y nos abre las puertas a la vida.
Con mucha frecuencia nos asaltan las dudas que nos empujan a olvidar que Cristo es el origen y el mantenedor de la vida del hombre, sobre todo del cristiano. A través de Cristo, el Hijo, hemos recibido y estamos recibiendo cada momento la vida que se prolongará por toda la eternidad. No solo aquí mientras dure nuestra vida física, sino también cuando lo físico desaparezca de nuestro horizonte personal y empecemos a caminar por el Reino de Dios, perfecto, sin cambios, que nos está esperando.
Si nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad son vivas y fuertes, podremos cantar con el salmista: Glorifica al Señor, Jerusalén; Alaba a tu Dios, Sión.
Señor, si quieres puedes limpiarme
San Lucas nos narra la curación de un leproso. Estamos en presencia de uno de los males más terribles que podía padecer un ser humano en tiempos de Jesús y, entre nosotros, hasta hace muy pocos años.
Conviene que nos fijemos en el enfermo y en Jesús. El primero es un pobre desgraciado en el que la fe y la confianza en Jesús le hacen salir a su encuentro. No le pide que le cure, solamente le hace notar que “si quiere puede limpiarle”. Sabe, su confianza le empuja a saber, que en el Jesús que pasa hay el suficiente poder para darle la salud. No la exige, se pone delante de Jesús porque está seguro de que no hace falta expresar su deseo para que Dios le mire. ¡Sabe que le está mirando! Solamente le falta añadir, como luego Jesús nos enseñará: “hágase tu voluntad”.
Puede que sea nuestra actitud ante el misterio de Jesús: nos sentimos apabullados delante de su poder y dudamos que nos pueda sanar. Nos falta confianza en nosotros mismos para poder caer rostro a tierra y pedir al Señor que está a nuestro lado, que en tantas ocasiones se ha hecho el encontradizo con nosotros, “Señor, te necesito. Si quieres, puedes curarme” y dejamos pasar e Jesús sin pedir que nos limpie la lepra que nos invade, que nos ayude a vencer el ansia de consumismo, que nos ayude a vencer la inercia y la avaricia que nos hace conservar todos los talentos que hemos recibido, materiales y espirituales, bien guardados.
Esa es, posiblemente, nuestra lepra en los días que corren: las riquezas grandes, pequeñas, incluso mínimas que poseemos y que tenemos solamente en depósito, están tan adheridas a nuestra vida que la dominan y necesitamos que el Señor pase a nuestro lado y podamos reunir el valor suficiente para pedirle: “sálvame”, tal vez porque nos asuste el compromiso que vamos a adquirir si la mano del Señor nos toca, nos hace salir de nosotros mismos, de nuestras miserias, de nuestra avaricia, y entregar todo cuanto somos y creemos tener a su servicio.
Señor, vengo ante Ti como el leproso del Evangelio. Estoy necesitado de tu gracia. Tócame y sáname de todas mis lepras, de mi egoísmo, de mi soberbia, de mi vanidad. Conviérteme en un verdadero cristiano.
Señor, que pueda corresponder a tu gracia amando a los demás.
Señor, cuántas veces me creo sano y no me doy cuenta de que estoy enfermo espiritualmente. ¡Cúrame Jesús! Que a semejanza del leproso del Evangelio, la experiencia de tu amor, me dé toda la luz para hacer un buen examen de conciencia y un firme propósito de enmienda al acercarme al sacramento de la reconciliación.
#VenEspírituSanto
EVANGELIO Y LECTURAS EUCARISTÍA AMÉRICA 9 DE ENERO DE 2026 QUINTO DÍA DESPUÉS DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR, TIEMPO DE NAVIDAD. | (DONDE SE CELEBRA LA EPIFANÍA DEL SEÑOR EL DOMINGO SIGUIENTE AL PRIMERO DE ENERO) Primera Lectura: De la primera carta del apóstol san Juan 1Jn 5,5-13 Salmo 147,12-13.14-15.19-20 R/. Glorifica al Señor, Jerusalén. Del Santo Evangelio según san Lucas 5,12-16
1 week ago | [YT] | 11
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#Oremoshermanos con la palabra de Dios, #Jueves
08/01/2026 Día 4 después de la Epifanía del Señor.
Estamos ante una escena extraordinaria de la vida de Jesús, que nos describe su actividad pública y de evangelización en Galilea, caracterizada por la potencia del Espíritu Santo, por el entusiasmo de la gente que lo rodea y por su fama, que se difunde por doquier. En la sinagoga de Nazaret precisamente, Jesús lee e interpreta la palabra de Isaías 61,1-2, aplicándola a su persona. Traduce en presente la profecía de Isaías, que se convierte en manifiesto programático de toda su actividad mesiánica. Con él inicia, en efecto, el año de gracia o año jubilar (cf. Lv 25,10); con él ha bajado a la tierra el Espíritu de Dios que traerá la salvación a la humanidad: "Hoy se ha cumplido ante vosotros el pasaje de la Escritura que acabáis de escuchar" (v. 21).
El Espíritu ha consagrado a Jesús Mesías y el Reino que él anuncia es la verdad, la libertad y la novedad del mundo que Jesús hace nacer en los que lo escuchan y lo siguen. La gente queda maravillada por las palabras que proclama y todos le rinden testimonio (v. 22). La liberación que Jesús trae está destinada de modo especial a los pobres, a los oprimidos, a los prisioneros y a los ciegos, porque éstos están más abiertos que los demás al anuncio de la salvación y a la acción del Espíritu.
La Palabra de Jesús es una "alegre noticia" de vida nueva para todos los hombres. Es una palabra exigente que comprende cruz y resurrección. En el misterio pascual el creyente encuentra la plenitud y la comunión con Dios. Éste es el éxodo que todo hombre debe realizar en su vida si quiere ser, también él, liberación para los hermanos oprimidos, vivir según el Espíritu de Dios y participar en la gloria de Cristo resucitado.
Todo el evangelio no es otra cosa que el anuncio del amor de Dios hecho visible en la persona de Jesús. Amar a Dios quiere decir colocarse en la perspectiva de Dios, que ama a todo ser creado y no vacila en sacrificar a su propio Hijo unigénito para la salvación de todos los hombres. Vivir para los otros, darse, sacrificarse por su bien es vivir como Dios, es hacer lo que Jesús quiere que hagamos. Por eso hoy es urgente para todos "el deber de hacernos generosamente prójimos de todo hombre y ayudar con hechos a quien nos pasa al lado, anciano abandonado por todos o trabajador extranjero injustamente despreciado, o emigrante, o niño nacido de una unión ilegítima..." (GS 27). No podemos creernos verdaderos hijos de Dios si no nos sentimos hermanos de todo hombre, especialmente del más pobre y desgraciado.
Esta fe no sólo anima nuestra caridad cristiana en su vasto campo de operaciones, sino que se convierte en una fuerza gigantesca para luchar contra todo pecado de abuso, intolerancia, injusticia, violencia, contra todo coletazo de egoísmo, de atropello, de odio, que dominan todavía hoy en el mundo. "Solamente se puede inducir a alguien a creer en el Dios cristiano haciéndoselo amar, y se educa en el amor solamente en la medida que se ama a la persona que se trata de educar y al Dios que se trata de proponer a su amor" (R. Guelluy). Pero la lección más hermosa que podemos dar del amor a Dios y a los hermanos es la de manifestar, no sólo con palabras sino con nuestro testimonio de vida coherente, que somos capaces de amar.
Seas bendito, Señor de cielo y tierra, que has abierto la vía del amor para el hombre sediento de felicidad. Seas alabado, Señor de los pequeños y de los pobres, que has elegido para tu Hijo este camino para enseñarnos que en la vida sencilla y pobre te revelas con tu amor providente y generoso. Gracias te sean dadas, Señor de la paz y de la vida, por habernos regalado tu perdón: nos has hecho experimentar la alegría de tu benevolencia con la misericordia que has derramado sobre nosotros, pecadores y rebeldes, cierto, pero siempre amados y predilectos tuyos.
Envíanos, Señor, tu Espíritu de luz y de verdad, para que podamos aprender a caminar a la luz de tu sol, que es vida y alegría. Enséñanos a mirar hacia delante y no hacia atrás, para que la esperanza que emana de tu Palabra guíe nuestros pasos vacilantes e inseguros, y sepamos coger, en el sendero de nuestra existencia, no las flores que se marchitan, sino las mejores y más perfumadas del amor a los hermanos para ofrecértelas a ti. Seas siempre amado, Señor, conservando el primer puesto en nuestro corazón, a menudo inquieto y en búsqueda de novedades y de satisfacciones. Sólo tú puedes saciar nuestra sed de felicidad y de vida. Haz, Señor, que nuestro camino vaya siempre acompañado por tu presencia amorosa, porque sin ti nada podemos y nuestro corazón sólo en ti puede encontrar su descanso.
"El que no ama a su hermano al que ve, no puede amar a Dios a quien no ve" (1 Jn 4,21).
#VenEspírituSanto
1 week ago | [YT] | 15
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